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sábado, 21 de agosto de 2010

De Solitario I a Solitario II (II parte)

Es cierto, a veces pasa.
Sentir que se da más de lo que se recibe.
Que queremos más de lo que somos queridos.
Y que a pesar de todo lo buena persona que somos, no somos debidamente reconocidos en toda nuestra real valía. Y eso descuece un poco en el ego.
Suele ocurrir.
No sé por qué, tal vez por algún extraño efecto de electromagnetismo, de atracción de polos con cargas opuestas, quién sabe.
Es casi como un hecho de la causa. A individuos kafkianos le atren las mariposas en fuga.
Y no hay nada que hacer, estamos hechos para relaciones tortuosas, si no fueran así de complejas nos moriríamos de aburrimiento, tal vez.
Los amores en perfecto rosa nos matan, apostaría a que le buscaríamos las espinas de pura insatisfacción. Y no por ser masoquistas, sino por darle más fuerza al color de la vida. Vivir en intenso rojo pasión y no en pálido rosa agua de relaciones sobre rieles.
Dime que no preferimos sufrir para tener al menos nuestro propio drama, sólo para salir de la inercia de una vida segura, recta, honesta, dada como consecuencia a una personalidad perfeccionista y racional, apegada a la norma, respetuosa del bien mayor, preocupada de no pisar los prados, de no "lanzar papeles al suelo". En resumen: alguien consciente de lo que significa ser PERSONA en este mundo a veces sin sentido.
Pero ser diferentes tiene su costo, a veces nos sentiremos como fenómenos de feria, así nos harán sentir de vez en cuando, pero no hay que ceder. Si los demás se tiraran de un precipicio porque está de moda, lo haríamos? No lo creo.
Somos salmones en los ríos de la vida. Es nuestra naturaleza.
No somos parte de la mayoría que va apiñada en masa ordenada en filita como corderos al matadero.
Sé que "mal de muchos, consuelo de tontos", pero lástima, no somos tontos. Y la lucidez es dolorosa como un karma, la roca de Sísifo sobre los hombros.
Sabes qué pienso?
Si quien queremos que nos quiera no nos quiere como queremos ser queridos, quién pierde realmente?
Si sabemos quienes somos y como somos, y aunque suene a súper, híper, ultra ego: quien pierde es quien no nos quiere.
Si quien queremos que nos quiera, no nos quiere querer, se perderá de querer y ser querido(a) por una gran persona que sí quiere querer como tal vez jamás serán queridos.
Tal vez haya que darle aire, apartarse un rato, irse de viaje por un tiempo, dejar un renglón en blanco, crear distancia para hacerse extrañar, para que se note la diferencia entre estar y faltar.
Dejarse buscar, hacerse un poco de rogar.
Darle tiempo al tiempo. Y si no, nada pasa. Bueno, no era. No valía, entonces, tanto la pena.
Es como esa vieja frase de esquela Village: " si amas a alguien, deja que sea libre, si vuelve a ti, te pertenece", o algo así.
El amor no se ruega, tampoco se ofrece ni se regala, se gana, a punta de méritos y virtudes.
Cuidado, la soledad a veces engaña. Se cree que es amor y sólo son ganas de amar y de ser amado porque se siente como la necesidad de sentirse enamorado, y si no sabemos diferenciar bien cuál es la razón, podemos fácilmente meter la pata en el cepo.
Lo que quiero decir, es que no te abrumes, no eres un inútil. No te sientas solo.
Eres aún demasiado joven tal vez para ser objetivo, es cierto. Eres un idealista con principios sanos y correctos, no trances eso, no te adaptes al juicio público, pero tampoco esperes que los demás se cuadren ante el tuyo.
Cada individuo sobre este planeta tiene su tiempo, cada fruta madura a su ritmo y cuando hace falta. Te imaginas si todas las manzanas se cayeran de los árboles a la misma vez?
A veces no es tan malo sentirse perdido, eso obliga a buscar la propia salida, a recorrer otros caminos, a descubrir alternativas, lo importante es no quedarse inmóvil y pegado en el mismo sitio, echando raíces sin dar frutos.
Es un poco como dijo Alba Edison cuando falló, no sé cuántas veces, 350 veces, quizás, antes de dar con la fórmula correcta para inventar la ampolleta: y dijo algo como: -no he fracasado, si no que he descubierto 350 formas de cómo no hacer una ampolleta-.
Nadie que piensa y es como tú, puede no importarle a alguien. Sólo debes tener en cuenta que a los que les importes, esos, sí deben valer la pena.
Vamos, venga, arriba ese ánimo, compañero!

viernes, 20 de agosto de 2010

Cuando el tiempo da la razón.

De cierto modo creo que no me equivoqué. Mi sistema de navegación intuitiva funcionó un vez más, correctamente. Los hechos así lo confirman.
Tomé la decisión correcta, no cedí frente a un impulso traicionero, embaucador como un embrujo, no me dejé tentar por la quimera.
Y fue lo mejor, lo sé.
Puedo continuar con la frente en alto, siempre digna.
Es verdad, en un principio lo dudé, hasta llegué a llorar de impotencia de no poder romper las barreras de todas las leyes físicas de espacio-tiempo que me mantenían separada en un lugar cuando sólo quería estar en otro.
Ahora veo el encuadre completo. Lo que se veía borroso entonces, ahora es nítido como la mañana siguiente a una tormenta.
Ahí es donde se prueba el temple del carácter, es como se mide la fuerza de la resistencia para defender los principios que le dan soporte a toda la estructura mental en la que se arma el esquema de la vida que se quiere llevar.
Si hubiera cedido entonces, a cuánto más iba a estar dispuesta a ceder después.
En general, la idea es tranzar sólo como último recurso, cuando no hay otra salida disponible, jamás sólo porque sí, obedeciendo a un capricho estúpido o a una falsa y tonta ilusión.
No es sólo cuestión de principios o de orgullo, de valores morales, no. Es una cuestión de amor propio, de dignidad, de respeto por la vida, la salud, la propia integridad física.
Hay tantas cosas involucradas que sopesar, que la mayoría pasa por alto y luego sólo se oyen los lamentos:- ay, y si no hubiese sido tan...., no estaría ahora ....; si no hubiese hecho...., esto no habría ocurrido.-
Sólo llantos sobre la leche derramada.
Prefiero ir en silencio, fijándome muy bien por dónde piso para no derramar siquiera una gota del precioso líquido.
Tengo una marcada tendencia a escoger siempre lo más difícil, el camino más largo y sinuoso, la tarea más compleja, la historia más complicada, hasta las posibilidades menos probables, las oportunidades más escasas. No sé, es completamente involuntario, parece que mi suerte me hubiese asignado los casos más raros. Me debe tener fe, pensará que soy capaz de sobrellevarlos hasta resolverlos, tal vez. Quién puede entender a la Suerte, "que le da más cintas en el sombrero a quien no tiene cabeza".
Nunca las cosas conmigo pueden ser fáciles o simples, y no es que yo me complique, al contrario ya he aprendido a no hacerme mala sangre por cosas que escapan a mi voluntad o a mi control.
He aprendido a dejar que todo fluya, aunque me cuesta dejarme arrastrar por la corriente. Siempre tiendo a nadar corriente arriba, como los salmones. Pero no a desovar ni a morir, no intencionalmente.
Pienso que lo que busco no está donde se reúne el choclón.
Si me dan a elegir como destino paradisíaco para descansar, un resort con tiempo compartido, jamás aceptaría. No, ni soñando.
El descanso para mí es sinónimo de silencio, relajo, tranquilidad, mientras más lejos del vacío bullicio del mundo, más cerca del paraíso me siento. Denme una cabaña perdida en un monte, en medio de una pradera con un bosque cercano, y algún riachuelo donde pueda pescar mis propios salmones.


miércoles, 18 de agosto de 2010

"Carpe Diem"

Tener en mente que nadie tiene comprada la vida, que no importa la edad, el rango, la facha. Absolutamente nada.
Que todos nacemos para algún día morir.
Entonces, parece que lo único que importara es la manera como se vive la vida mientras haya salud, ganas y energía.
Quién tiene la receta?
La receta, al parecer, es: - que no la hay -. No hay una sola. Existen tantas como personas viven en el mundo.
Enfocarse en las cosas importantes, verdaderamente trascendentes, disfrutar a concho los momentos que se sospechan irrepetibles, y los rutinarios también, imposible un dejavú completamente calcado, siempre hay variables imponderables que hacen la diferencia, de las que se pueda sacar alguna lección provechosa.
Como lo veo, el secreto pareciera estar en enfocarse en los detalles. En oír lo que está entre líneas, en observar el fondo de las sombras en la caverna, respirar profundo, paladear los sabores, impregnarse de los aromas, sensibilizar el tacto, ir más allá de las primeras impresiones.
Aunque afinar sólo los sentidos, no basta.
Todos deberíamos haber tenido un mister Keating en nuestras vidas que nos recalcara la idea de cortar rosas en botones, de chuparle el tuétano a la vida, de hacer vida y carne, el nunca bien ponderado"CARPE DIEM", que debiéramos llevar tatuado en los huesos, a sangre y fuego.
También es necesario tener claro lo que queremos de la vida, y dar la pelea por eso.
No cejar en el intento, mantenerse firme en los propios principios.
Leer todos los libros, sin que deje de operar el propio filtro y ojalá a partir de lo leído crear algo nuevo, algo con el propio sello.
Abrirse a la posibilidad de amar a pesar de todo.
Hay que vivir sin miedo. No digo que haya que ser kamikaze para probar el valor o demostrar el coraje, pero sí proceder con la seguridad de estar haciendo las cosas bien, porque nos guía la fuerza de una razón correcta, la honestidad del corazón, una cierta pureza en la intención.
Aunque hay que ser prevenidos, ser arrojados, decididos, pero no estúpidos.
Se deben tener convicciones y, fortaleza para defenderlas.
Vivir una vida justa, equilibrada, decirle a quienes nos importan lo que sentimos. Decir :"Te amo" sólo cuando es verdad.
Una vez oí una reflexión muy sensata que decía algo como:
"El ser humano nace llorando mientras los demás ríen de felicidad. Vive un vida sana, has el bien, sé justo en tus juicios, ama a los tuyos, y trabaja duro. Para que cuando llegue tu hora, te vayas riendo mientras los demás te lloran."
Vivir, pero más que nada importa, saber vivir.
Para que cuando aquel día llegue ya vengamos de vuelta de la larga caminata por "el país de la vida", y tengamos las lámparas encendidas.
Así, sin dramas, estaremos listos para partir cuando salga cantado por los parlantes nuestro número en el sorteo.

martes, 17 de agosto de 2010

Perdí la indiferencia.

Los últimos eventos han sido devastadores.
Hoy las noticias me desayunaron el día.
Nada que me implique directamente pero desde hace ya un buen tiempo no logro sentirme indiferente. Me importan las cosas que pasan, que le pasan a las personas, porque me importan las personas.
Será que estoy anidando sentimientos como preparándome para dejar mi tambor y crecer de una vez por todas?
He pensado en la vida y en la muerte.
Es tan frágil la vida y para cuando se es aún tan joven se tiene el absurdo y hormonal complejo de superhéroe inmortal, efecto casi incompatible con la supervivencia real de un sujeto.
El ser humano, definitivamente necesita padres, alguien con más criterio, que lo proteja de sí mismo para que también pueda llegar a ser adulto, un día.
Pero si logra llegar a grande y aún así no ha aprendido nada de todo lo que debería saber?
No hablo que se lea el manual completo de Cómo sobrevivir la adolescencia y no morir en el intento pero al menos tomar en cuenta alguna recomendación ligera de -Cuídate-, -No bebas si conduces-, -No te vayas a lugares apartados que son peligrosos-, -No te expongas-, -No busques peligros absurdos-; -Cuídate, quieres, que yo te quiero y no quiero que algo malo te pase. Lo entiendes, verdad? Bien, vale, te cuidas, eh?. Chao, amor.-
Cuántas veces, quien ya no está para oír otra más de esas advertencias, una vez sí las escuchó, pero al parecer jamás las consideró en serio.
Pienso en su desgraciada madre, esa pobre mujer debe estar sólo deseando su propia muerte.
Debió ser la esperanza para su vejez, y de un momento a otro viene la Parca y pasa con una segadora en mano arrasando toda humilde espiga que ose crecer en los campos de la Vida y entre ellas segó también la vida de aquel hijo recién brotando al sol.
Morir joven, para no corromperse, se consuelan los que creen.
Y los que no, a qué se aferran, qué explicación les conforma cuando los hechos son brutales, y nada pareciera ser suficiente.
No existe ley ni justicia, no hay Dios ni creencias, para una mujer que recibe a un hijo muerto luego de haberle despedido vivo por la puerta, nada hay en este mundo que le haga entender el por qué.
Qué se puede decir en estos momentos que no suene a perogrullo.
A veces más vale soló acompañar y guardar silencio.
Me dí cuenta de una cosa.
Se fueron a las pailas todas las respuestas.
Y yo buscando alianzas estratégicas, yo, humanista de nacimiento, con versiones cuánticas de la física moderna, que pensé podrían tener más ideas que la literatura filosófica para explicar mis ideas.
Con esto que ha pasado, ya nada importa.
La muerte es la muerte, jamás esa madre podrá volver a abrazar a su hijo otra vez, al menos en esta vida, si así, ella, lo quiere creer.
Y para ese hecho, no deben haber palabras, en este momento, que le consuelen.



domingo, 15 de agosto de 2010

Conexiones. (III parte.)

Ayer me dispersé demasiado. Estas neuronas mías tan autoreferentes.
La idea en un comienzo era otra.
Retomo.
Me acordé de Matrix y me pareció un buen punto de arranque para mi reflexión sobre la vida sobre dos o tres cosas, más allá de la crítica contingente al sistema que hace alusión la película, y que aborda muchos temas muy interesantes, sin duda para discutirlos, pero tal vez en otro momento. Por ahora, no quiero volver a disgregarme.
Al grano.
I. Las conexiones posibles, esas inalámbricas que nos unen a distancia. Existirán, serán posibles, demostrables matemáticamente en algún teorema de física Cuántica, a caso?
Si yo pienso algo, qué probabilidades hay que alguien más allá piense lo mismo, en el mismo momento o en instantes diferentes. Cómo saberlo?
Las ideas parecieran ser viajeras públicas en el espacio, son de todos y a la vez de nadie. Van más allá de los créditos de las apropiaciones de autores.

II. Otra vez una autoreferencia, pero esta vez es inevitable.
Me ha pasado que con personas con las que he mantenido un vínculo afectivo cercano, sentimentalmente muy cercano, si pienso algo, al mismo tiempo aquel otro ser pensó o sintió igual, y a demás intuyó que yo estaba pensando y sintiendo por mi lado, lo mismo. Lo comprobamos más de una vez, él pensó en mí al mismo tiempo que yo pensé en él estando en lugares muy diferentes.
Es muy raro encontrar personas con las que es posible entablar este tipo de relación casi telepática, como si las señales en onda corta o larga estuvieran sintonizadas en una misma frecuencia. En qué irá?
Adivinar lo que aquel otro piensa, completarle la frase, dar con la palabra justa antes que la diga, saber lo que siente, comprender su naturaleza, regresar a lo menos de dos vueltas cuando aquel otro va recién partiendo y al revés también, tener las mismas sensaciones, que se nos ocurrieran las mismas ideas, que muchas veces no fueran necesarias las palabras para entendernos recíprocamente a la perfección.
Es mágico. Sin duda, debe serlo. De qué otro modo se podrían explicar este tipo de conexión mental entre personas diferentes, con crianzas y experiencias distintas.
Bueno, ni tan distintas, tal vez sí las experiencias, considerando que nos criamos en idiosincrasias diferentes, pero básicamente compartimos una misma estructura mental, los mismos lineamientos generales de comportamiento entregados por una educación familiar semejante.
Lo repienso y no me dejo de sorprender que así haya ocurrido.

III. Las conexiones posibles entre completos extraños que llegan por separado a conclusiones similares sobre algunas cuestiones fundamentales de la vida.
Bueno, eso podría tener un explicación más fácil: Es la Vida.
La Vida misma no tiene muchas más cosas diferentes sobre las que ya no se hayan escrito, o pensado al respecto.
Y las grandes verdades de la vida, independiente, a las tan diversas explicaciones y puntos de vista como individuos viven o han vivido sobre el planeta, son muy pocas e irrefutables. No importa cómo se digan, el punto del medio no cambia, lo demás es parafernalia, palabras más-palabras menos, rococó y ego de estilos, pero la VERDAD misma, la "mera- mera", siempre es una sola.
La cuestión realmente envidiable, es descubrirla, sin importar la edad del individuo, aunque a menos años más mérito tiene, sin duda.
Lo vergonzoso y patético es llegar a viejo sin al menos un par de respuestas valederas, alguna que justificara el despilfarro de una vida.
Llegar a viejo sin sabiduría elemental que le permita ver la vida con la verdad y vivirla en consecuencia, dejar al menos un legado, aunque sean miguitas en el camino para sugerir por dónde no se debe continuar el rastro.
Lo realmente triste y digno de lástima es que un individuo llegue a viejo sin saber dónde está parado, no porque tenga alzheimer, si no, porque ha sido alguien que desperdició su vida sin preocuparse de encontrar esas respuestas a las preguntas fundamentales, tanto porque no se las planteó por ignorancia, pero es más triste aún saber que fue porque nunca le interesó siquiera.
Cómo puede haber gente en el mundo, que se pueda pasar la vida entera sin darse cuenta que la vida no es sólo trabajar y ganar dinero para comer, para mal gastarlo en cosas superfluas, cómo se les puede pasar la vida y no entender por ejemplo que no da lo mismo comer que alimentarse.
A ese tipo de personas no les daría a escoger entre la píldora azul o roja. Les metería con una poruña un kilo de pastillas rojas por las narices si no abrieran la boca.


sábado, 14 de agosto de 2010

Conexiones (II parte)

Quién recuerda la escena de Matrix cuando Neo se incorpora de la crisálida placentaria cableada al sistema matriz a la que estaba conectado antes de ser despertado por Morfeo, irónicamente el mitológico dios de los Sueños, con la famosa elección de pastillas, -cuál escoges la roja o la azul-, en una inversión intencional de la típica identificación del azul con el bien y del rojo con el mal. En este caso, despertar a la verdad rebeldemente era escoger la roja.
Y si de algún modo la vida que conocemos no fuera más que un sueño, pero no al estilo engañoso y conformista de Calderón de la Barca , ni con una visión tan antisistémica como la de los hermanos Wachowski.
Pero y sí de algún modo existiera un sueño global en que estemos todos conectados, soñando o teniendo pensamientos en diferentes estilos, con distintas palabras pero que al final se podría llegar a conclusiones resumidas de una misma idea?
Tú por allá, otro más acá, yo por aquí y alguien más por ahí, quién sabe dónde, también.
A diferentes horas del día, haciendo distintas cosas, de pronto sin saber cómo, se llega a una decantación de ideas que acaban dando origen a un pensamiento redondo y luminoso, nada nuevo quizás desde una perspectiva más seria y filosóficamente profesional, tal vez, pero orgullosamente propio. Con principios compartidos, aunque simultáneamente originales.
Claro, muchas de las propias ideas a veces no son más que residuos sumados de muchas otras, que alguna vez leímos u oímos por ahí, como conchos de vino que quedan en los fondos de las copas luego de las grandes cenas en que se divirtieron los grandes, y como todo ser menor e inquieto aprendiz de grande, junta en una sola copa para beberlo al seco emulando la pose adulta, aprendiendo primero desde los vicios para devenir luego en la virtud de la experiencia de saber desde cómo no se hacen las cosas. En otras palabras más simples, echando a perder se aprende.
Porque nunca fueron suficientes las advertencias para que no metiera los dedos al enchufe, pero hasta que el golpe de corriente no me tiró sentada sobre mi bolsa de pañales no me quedó claro el por qué de tanto:NO!
Todo lo que absorbemos como información en la vida, siento como que fuera a un depósito del que no tenemos consciencia, en el que se procesa y se clasifica cada dato obtenido, a veces, organizadamente bajo nuestra propia supervisión, como cuando lo estudiamos a conciencia, e incluso lo memorizamos para que nos quede más a la mano sin necesidad de consultar los apuntes a cada rato.
Y también pareciera haber un conocimiento que nos pasa inadvertido, como colado, que no sabemos distinguir si lo traíamos en el disco duro al nacer o lo adquirimos a la pasada por ahí como de contrabando, y se quedó en nuestro sistema, echó raíces sin darnos cuenta, haciéndose parte de lo que pensamos y hasta de cómo reaccionamos frente a ciertos estímulos. En definitiva, nos determina, para bien o para mal.
Como sea, este conocimiento prestado, luego aprendido, pasa a ser propio y es el que nos marca el destino.
La forma como vemos el mundo parte de la base de este conocimiento sobre las experiencias que hemos obtenido a medida que pasa la vida.
De algún modo me resisto a dejar que mi vida tome el rumbo marcado por sólo las experiencias, cuando las posibilidades aún son tantas.
Hay tanto que siento aún debo conocer y aprender.
Pienso que para eso tengo cabeza, por qué no usarla, entonces.
Quiero ser consciente, aunque duela cada drástica decisión que tome, pero quiero que sea mi prerrogativa decidir qué es lo que quiero para mí.
La vida debe ser más que las experiencias provincianas a corto plazo, más allá de sólo un par de cuadras de distancia; debe haber más mundo allá afuera, uno más amplio, que colme mis ideas, que me sobrepase como un ola sobre mi cabeza, que ajuste a mis ideas de vivir muchas vidas en una sola, que todas mis Yo puedan desarrollarse libres y al final del día se vayan a dormir cansadas y contentas.
Por qué dejar que mi propia vida vaya como por un riel hacia una próxima parada obligada cuando yo quiero que mi máquina siga en marcha.
Quiero llegar a los lugares que tengo marcados en mi mapa. Quiero tener tiempo para bajarme en todos, pasar el tiempo suficiente para conocer de cada uno, todo.
No es mucho pedir, o sí?



jueves, 12 de agosto de 2010

Dedicado a mis primos queridos.

Me pregunto si las almas tendrán residencia establecida, si tienen nacionalidad, si se les podría llamar por un gentilicio determinado.
Almas por decir entes, personas X, que puedan sentirse parte de dos mundos al mismo tiempo, el de la sangre y del que han vivido prácticamente toda su vida, donde han desarrollado su propio mundo incorporando esta dualidad de sentirse como a caballo de pié sobre dos yeguas al galope y velocidades dispares sin sacarse la cresta.
Sentirse miembro de culturas diferentes, una a la que se pertenece por el sólo hecho de haber heredado la membrecía y a la otra porque se ha sido inscrito desde chiquitito a un club desconocido.
Y nadie le pregunta a ese desconcertado y confundido pequeño cuál es su opinión al respecto. Dónde quiere criarse, usted, m'hijito?
Dónde prefiere usted vivir, aquí, donde tiene abuelos, tíos y primos de su edad con los que podrá jugar los fines de semana? o prefiere ir a vivir lejos, al extranjero con sus papás, y pasar la mayor parte del tiempo solo, rodeado de niños que hablan en otro idioma que al comienzo no entenderá pero que conforme pasen los días se le irá acostumbrando el oído y solito sin darse cuenta cómo entenderá qué están diciendo los demás niñitos. Dígame, m'hijito, qué prefiere?
Cuándo, nunca ha sido ha así.
Quién considera la opinión de un niño chico, los papás hacen lo que creen es mejor para todos,
y, bueno, toda gran decisión tiene sus costos.
Ese pobre niño, por lo menos hasta los 18 ó 19 años, por lo menos, tendrá un sabroso caldillo de congrio en su cabeza, se sentirá perdido al no saber a dónde encaja con su personalidad a ciencia cierta.
La vida, las experiencias, los años que suman la madurez van haciendo comprender que al final no es tan malo tener dos patrias. Es como tener dos casas, una puede servir mientras se vive y se trabaja en la ciudad durante la semana y la otra para ir a descansar al campo, la montaña o la playa para los fines de semana largos y vacaciones varias.
Lo bueno es no perder el contacto con la patria abuela, esa que recibe con los brazos abiertos, con empanadas de locos al horno con pebre, catutos y estofado, si es invierno; con humitas y pastel de choclo si es verano. Es casi infalible alguien que se raje con la mejor mano para hacer un buen pisco sour, alguien que descorche un buen cavernet para brindar por tan ilustre visita a la que se quiere tanto sólo porque es hijo del hermano, es el primo, el nieto querido que vive tan lejos.
Esa es la gracia de ser familia, no se necesitan los preámbulos para sentir los cariños más entrañables por aquellos seres que aún siendo unos perfectos extraños son fáciles de abrazar y hacerles sentir cercanos, que baste una pequeña introducción respecto a en qué van sus vidas casi como una breve exposición en diaporama para que sean admitidos de inmediato a toda la larga tradición de cariño, unión y confianza, que es a mi parecer como mejor se resume el sentido de familia.
Salud, por eso.