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domingo, 27 de marzo de 2011

Caminos.

Creo que me he pasado la vida viendo películas más que viviendo realmente la vida. Siempre deseando que mi vida sea como una película. Que tonta!
De todas las películas que he visto sólo recuerdo muy pocas enteras, a menudo las que he visto más de dos veces, del resto sólo recuerdo trocitos, chispazos de la historia general, alguna escena que me impresionó de un modo u otro, porque me hizo pensar y hallar una respuesta, o simplemente porque aprendí algo que no sabía. 
El otro día recordé una parte del "Gran pez", cuando el personaje, que interpretaba Albert Finney, aún era un niño y vio el modo en que  moriría en el reflejo de luz en el ojo de vidrio de la vieja bruja donde se decía se podía ver el futuro y a la muerte.
Recordé ese fragmento tal vez porque en este momento lo que más me gustaría saber es cuál será mi destino.
Cómo poder saberlo?
 El personaje de Finney en el Gran Pez, se dedicó a vivir a concho la vida, disfrutó cada segundo, corrió todos los riesgos sin temor alguno porque sabía que la muerte le hallaría en la cama luego de un larga enfermedad llagada la vejez, mientras tanto simplemente vivió, gozó y fue feliz aunque fuera un incomprendido por su propio hijo que nunca creyó ninguna de sus historias, sino hasta que vio a toda la extraña gente que asistió a los funerales de su padre, sólo entonces pudo saber que su padre no había sido un farsante.
Bueno, el punto es que si pudiera saber qué me depara el destino podría tomar más riesgos, podría atreverme a vivir más la vida, podría decidir sin temor a equivocarme qué camino seguir.
El Destino...
Cómo hacer que Dios me diga qué debo hacer clarito, clarito, sin tener que correr el riego de equivocarme haciendo una interpretación a mi medida sin considerar lo que realmente me quiere decir?
Una vez una gitana me propuso revelarme mi destino y me negué cortésmente diciendo:
-No, gracias, prefiero que sea sorpresa.- 
En esa época no tendría más de 16 años o 18 cuando más. 
Me pregunto si habría sido mi destino diferente en esos años a lo que puede ser ahora, suponiendo que las millones de decisiones que he tomado desde entonces lo pudiesen haber cambiado tantas veces como decisiones tomé?
Y si todas las decisiones que tomé estaban escritas para que pudiese estar exactamente en este preciso punto de mi vida en que me encuentro ahora, cuestionándome los arcanos de mi destino?
Una vez dije: - Prefiero arrepentirme de cosas que no he hecho y no, de lo que sí he hecho. 
De algún modo no es fácil aceptar cuando los eventos de la vida nos recuerdan la propia cobardía, pero a veces, y no quiero justificarme, no se trata de cobardía simplemente, es algo un poco más complejo. Ser cobarde es fácil, lo difícil es tener el coraje necesario para renunciar a lo que puede ser en pos de un bien mayor, que va más allá de los propios intereses, incluso de la propia felicidad, para lo que se necesita mucha valentía pero que juzgado desde afuera sólo puede ser cobardía.
Los ojos ven hechos pero no motivos.
Pero sean los motivos que sean, son los hechos los que  finalmente construyen la vida o la destruyen, todo depende.
Quizás me comencé a labrar mi propio destino el día que me negué a confesar mis sentimientos por pura inseguridad. Tenía 17 años, me quedaban días para saber los resultados de la P.A.A., y el hombre de mis sueños estaba justo de pié frente a mí mirándome a los ojos en silencio y yo quité la vista de la suya con miedo a que descubriera en mis ojos todo el amor que sentía por él. 
Siempre recuerdo la intensidad de los colores bajo la luz del sol de aquella tarde.
Fui cobarde? 
O simplemente preví un destino que no podría ser porque sentí que mi vida sería otra?
Había demasiado en juego. Ni él ni yo estábamos preparados para la vida. Él llevaba recién primer o segundo año de universidad y yo ni siquiera sabía si había sido aceptada. 
Había tanto que nos acercaba y lo mismo nos separaba. 
A los 17 años me jugué el resto de mi vida.
Si lo hice bien o mal, no lo sé.
Supongo que sí, al menos por él. Él es feliz en su vida, tiene en espléndido trabajo, y una linda familia.
Yo no me lamento, he aprendido a vivir con las consecuencias de mis acciones, pero no puedo evitar pensar en lo que habría sido mi vida de haber tomado otro camino.
Ahora es diferente, asumo mis renuncias con más valor porque de algún modo intuyo que las razones correctas han de ser, algún día, reconocidas y recompensadas.
Lo único seguro en esta vida, es la muerte. Pero mientras eso no ocurra, hay que vivir.
Del modo como la vivamos, dependerá de cuánta sea la sabiduría que hayamos adquirido en los caminos que hemos recorrido en este Mundo.

miércoles, 5 de enero de 2011

Ansiedad mental.

Generalmente el árbol de Navidad se desarma después del seis de enero, día que en otras latitudes se celebra la llegada de los Reyes Magos y es la noche en que se entregan y se intercambian los regalos. Es toda una festividad, que equivale a nuestra Noche Buena, con cena y presentes.
Pero mi humor no andaba del todo bien, y no me importó. 
Necesitaba tomar algo de aire y decidí salir a sacarle los adornos al pinito azul del antejardín. 
Corría un vientecillo tibio, muy agradable.   El sol aún alto, luego de las seis de la tarde, ya no picaba, pero estoy segura que igual estaba, aún a esa hora, la radiación un poco alta porque igual pegaba fuerte. Del sombrero, de pronto me veo que me cuelga una arañita, la tomé y la reventé con la yema de los dedos. Si se hubiese quedado entre las ramas del árbol, ahí habría seguido. Pero era una araña y en mi sombrero. Lo siento, fue en defensa propia preventiva.
Usualmente, cuando veo bichos en su medio natural que pasan lejitos de mí, no los interrumpo, dejo que sigan su camino, pero si traspasan la frontera y entran al territorio de mi persona, lo siento. No soy conservacionista, menos si se meten casi por mis ojos.
El rato que estuve a fuera sirvió para que se me despejara un poco la pesadez de cabeza que sentía.
Me gusta el verano, me siento más libre. Pero ahora, con esto de la tesis contra el tiempo, siento que cualquier otra que quiera hacer, no es más que una pérdida de tiempo, una suerte de traición a mis planes.
Ahora, escribo, otra cosa, porque necesitaba dejar de pensar por un momento en lo que tengo que escribir aún.
Se me vienen todas las ideas como de golpe y me confundo.  Y la confusión me desespera porque mientras trato de ordenar las ideas, temo que se me olvide más de la mitad, y entre ellas, alguna más o menos genial que salve todo el esquema. Sufro de ansiedad mental. 
Suerte que no me da por comer, jjajjajajaa!!!
Pero igual es trágico porque paro de pensar, entonces ahí me vine el bajón, porque qué más hago si no pienso, si no escribo.   No siento ganas de descansar, porque si descanso, temo que se me enfríe el entusiasmo, se me puede apagar la mecha del cañón, se me echa la yegua y después no hay quien la vuelva a parar. Siento que mi cabeza es una máquina que está trabajando turnos extras para sacar la producción contra reloj.
Qué horror, descansando sin descansar, pero al mismo tiempo, como no pienso en lo que tengo que pensar, igual descanso. Es casi como cuando ya no quieres seguir comiendo porque sientes que ya no te cabe más, sin embargo si te ofrecen postre, aceptas, porque no importa lo satisfecho(a) que te sientas, siempre queda espacio para el postre.
La cuestión es terminar pronto esta cuestión y sentirme liberada. Tal como cuando daba el último examen,  sabiendo que me había ido bien, pero hasta que no veía la nota publicada en el muro, no  lograba respirar a plena capacidad y si había aprobado, era una exhalación de alivio incomparable, la mejor de todas las sensaciones, sentirse libre y poderosa, lo máximo. Acababa de aprobar, qué logro más épico que ése, más meritorio si era  un ramo difícil que me había traído por la cuerda floja durante todo el año, que a menudo desplazaba para marzo. Sacar un ramo en marzo, contra todo pronóstico, era sólo comparable a sentirse inmortal.
Uauh, ahora que lo pienso, corrí riesgos. No fui tan cobarde. 
No necesito lanzarme en bungee  para probar mi coraje, me lancé varias veces a dar el todo por el todo y logré vencer las posibilidades en contra. Suerte?
No lo creo, estudiaba. Sacrificaba febrero, dos o tres horas por la tarde-noche y en veinte días tenía toda la materia de un año mucho más clara en mi cabeza, gracias a mis esquemas.
El premio al esfuerzo es a menudo sólo la íntima satisfacción de la tarea cumplida.
La mejor de las recompensas es sentir el orgullo de haber vencido a los propios demonios, los del miedo al fracaso.
Vencer a esos, es lo máximo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La lechera.

Me dio un bajón y parece que volví a la infancia.
O bien, todo lo que  creí olvidar de los cuentos que oí de niña, se me quedaron prendidos en algún doblez de la mente sin querer y que por alguna razón ahora reflotan y me hacen ver la luz al final del túnel.
Para qué construir tantos castillos en el aire. Primero es lo primero.
Piano, piano. Despacio por las piedras. Vamos quemando etapas, una a una, primero.
Para qué adelantarse tanto, para qué proyectarse como una recta hasta el infinito y más allá.
No porque crea que no va a resultar, sino porque para qué perder energía en soñar tanto futuro.
No quiero ser como la lechera de la fábula. Otra fábula.
De tanto soñar lo que haría con el dinero que  ganaría con la venta de la leche que llevaba dentro del cántaro sobre su cabeza, que no se fijó dónde pisaba y se sacó la cresta, quebró el cántaro y se derramó toda la leche sobre la tierra.
Perdió pan y pedazo.
Como ya sé la historia, aprendí la moraleja y no quiero que me pase lo mismo.
Por eso no quiero soñar tan a la distancia.
Primero lleguemos al pueblo con la leche intacta. Vendámosla al mejor precio posible y recién, sólo entonces, vemos en qué "invertimos" el dinero que pudimos ganar.
Tiene lógica o no?

lunes, 1 de noviembre de 2010

Catarsis

He sido hija única toda mi vida, desde que puedo recordar.
He sido sobre protegida desde que tengo memoria.
Y toda la vida me he sentido sola.
Hasta que comprendí que todos más que estar solos, todos somos solos. Nacemos siendo solos y morimos siendo solos. Si nos sucede cualquier cosa que nos cause dolor físico o moral, a quién más le puede doler?
No sé si se trate de alguna clase de karma existencial pero siempre he tenido la misma sensación como la de arrastrar una especie de soledad existencial que me cubre como una especie de nube negra por sobre mi cabeza.
Últimamente he estado revisando viejas fotografías en los álbumes familiares y he notado una constante en todas mis fotos de niña, siempre tengo en el fondo una mirada triste.   Sin embargo, en el recuento final, no diría que pasé una infancia triste, pero pudo ser mejor, supongo, más feliz, más completa.
Tenía un carácter sociable, dócil, era como cariñosa pero por esas cosas de la vida tuve que aprender a  proteger un poco mis sentimientos, naturalmente a flor de piel. Con los años y la vida, tuve que refugiarme tras una coraza de hierro fundido, parapetar mi corazón tras un escudo impenetrable para no ser herida todas las veces que me he sentido despreciada en la vida, de distintas maneras.
Aprendí a sobreponerme a la mala intención de las personas, a los comentarios hirientes, a la estupidez humana, a las injusticias, al trato brusco, a la indiferencia, a las mañas, a la poca paciencia, a mil cosas que ahora siento no merecí nunca porque mi esencia era noble, tierna, blandita y suave, pero todo me convirtió en un ser ajeno, solitario, arisco, desarraigado, desapegado, indiferente, frío, distante.
Con los años, en mi periodo de silenciosa reflexión he tratado de volver a mi esencia, pero es imposible, ya no puedo volver a tras, sólo puedo hacerme consiente de cómo quiero ser idealmente, pero tampoco puedo ser como era naturalmente desde niña, ya tengo criterio y precisamente el  buen uso de ese criterio tampoco me dejaría ser tan así de cándida, si me dejara ser así, no sobreviviría ni de aquí  a la esquina.
Tengo edad para saber como quiero ser, y así tal cual soy, estoy en mi centro, pero siempre hay en mí una especie de pena autocompasiva que me hace llorar cada vez que pienso que no merecía ser tratada así.
Por qué no pude haber tenido un papá más cariñoso, más demostrativo afectivamente, por qué no pude tener un círculo social y familiar más cercano, por qué no pude asistir al baile de graduación cuando lo merecía tanto como cualquiera de mis compañeras; pasé mis ramos sino con notas sobresalientes, tampoco fueron tan malas; saqué el año cuando correspondía, limpiamente sin tachas, inmuaculada.
Nunca fui loca, ni irresponsable, siempre fui una buena niña, y sin embargo siento que haber sido así no fue suficiente.
Como que si hubiese sido mi obligación haber sido así, siempre. Mi diploma de cuarto medio nunca fue enmarcado.
Tal vez por eso no me importó terminar la Universidad, de algún modo intuí que no tenía importancia, porque no era Medicina ni Arquitectura.
Desde que nací, he sido una clase permanente de decepción por no haber nacido hombre. Como si esa hubiese sido mi culpa.
Nunca he sido de muchos amigos.
De algún modo siento que esa ha sido una ventaja para sentirme todo lo libre que me siento.
No tengo ataduras sociales con nadie, ni con la familia me siento tan comprometida.
Mañana mismo podría hacer mi maleta y mandarme a cambiar lejos y no me importaría tanto dejar atrás lo que por ahora me rodea.
Echaría de menos?
Tal vez los primeros días.
Siento que nada de lo que  está cerca es mío realmente, no me siento apegada a algo en especial.
Los comentarios de la familia, me valen lo mismo que un diente de ajo. No vivo por la familia.
Qué familia?  Desde que han ido muerto los tíos abuelos, los vínculos se han ido desmenbrando.
Hay un lote de primos en el anonimato con los que me puedo cruzar por la calle sin saber que somos parientes.
Es una lástima que así sea.
Ya nadie le importa a nadie.
Es triste, yo tenía otro concepto de familia.
Por eso, no me importará dejar a tras lo que ya ha perdido el significado para mí.
En lo que dependa de mí, quiero escribir mi propia historia y escribirla a mi manera, sin repetir los errores que he detestado toda mi vida.
Comenzar sin borrones a escribirla tal como la he soñado.
De vez en cuando es bueno hacer catarsis. Expulsar a todos los demonios, llorar hasta reventar toda la pena autocompasiva, y perdonar, perdonarse.
Mañana será otro día.

lunes, 11 de octubre de 2010

La carta.

Por qué muchas veces resulta más fácil decir cosas por escrito que directamente mirando a los ojos?
Sabiendo que no hay engaño de por medio, igual es verdad todo lo que se expresa por escrito, sólo que sale más fácil escribirlo que decirlo verbalmente.
Recuerdo algunas escenas de Cyrano de Bergerac interpretado por Gerard Depardieu, que me hacen  pensar que a veces la escritura enamora más que las palabras susurradas al oído. 
Lo que está escrito es ley, muchas veces. Como dicen los abogados, -por escrito, a las palabras se las lleva en viento, déjelo todo por escrito, las intenciones solas no valen si no están por escrito, señora-.
Y de cierto modo es verdad. 
De hecho, en la Historia de la Lengua, los lenguajes orales que cobraron más prestigio y acabaron estableciéndose como lengua oficial fue precisamente porque fueron los primeros en desarrollar una fórmula de escritura. Pasó con lo que conocemos hoy como "italiano", que en realidad es "toscano". Fue en toscano la primera obra maestra literaria y que fue escrita por Dante Alighieri, La divina comedia.  
En Italia, igual como ocurre en España, existen muchas lenguas regionales o dialectos y muy probablemente, dentro de las propias regiones también existan variables zonales, sin contar los sociolectos, y cronolectos, etc, propio de todas las culturas particulares. Pero que por una cuestión política  se unificaron todas estas zonas bajo un solo idioma oficial, que le otorga orden y que trata de homogeneizar algo imposible, pues pasa por alto la propia identidad de sus pueblos, todos con raíces culturales muy diferentes entre sí.
De ahí se descuelgan otras disidencias, las independentistas y todo eso, con el poder central. Es otro tema,muy interesante, sin duda pero muy largo de analizar, tal vez en un ensayo. Por ahora lo que me interesa ilustrar es otra cosa.
La importancia de la palabra escrita por sobre la oral, que a menudo se va con el viento y se olvida en el tiempo, en cambio lo que está escrito, sobre todo lo que queda escriturado sobre papel contante y sonante, con tinta, ojalá, indeleble, queda para siempre. Claro, a menos que sea devorado por el fuego, en un incendio desafortunado, o provocado por un ciego ataque de ira.
Cómo sea, prefiero las palabras por escrito, como era antes.
La carta, esa que se demoraba en llegar, a la que se esperaba con cierto nerviosismo durante días. El correo no era tan demoroso como ahora. Dependiendo de dónde proviniese el remitente no pasaba de la semana si era dentro del territorio nacional, para el extranjero, variaba, de dos semanas a un mes, no más que eso.  En cambio, ahora? Ja!
Para que se demore lo mínimo que son seis días hay que pagar más, para que la funcionaria de Correos le pegue una etiqueta que dice "prioritario" o de lo contrario se demora como  ocho o nueve días en llegar.
Las cartas escritas del puño y letra del emisor tenían un olor especial, se podía adivinar un poco el estado de ánimo bajo el que había escrito cada palabra. Todo era un indicio, hasta una mancha en el papel, cualquier cosa, significaba de seguro algo.
La escritura electrónica carece de toda esa esencia. A lo más se intercalan emoticonos para expresar más allá de las palabras, y darle más viveza a la comunicación, pero no es igual.
Cómo recuperar todo eso si se daña el Notebook, o si se corta la energía, y la batería se agota?
Se pierde todo, si no hay respaldo. Quién respalda un chat?
No hay como las palabras escritas en papel, no importa que no fuera en esquelas para cartas o como se llame, una hoja arrancada en la parte de atrás de un cuaderno, pero con la deferencia de emparejar el despuntado del picado que le quedaba como flecos en el borde donde iban las perforaciones para el espiral, daba igual. La cuestión era escribir, poner en papel todos los sentimientos, doblar la hoja, meterla en un sobre, pasar la lengua por el engomado, a menudo con un ligero sabor a menta y cerrar. Escribir con letra grande y clara por el frente del sobre el nombre del destinatario y su dirección, sin olvidar agregar el remitente por si ocurría cualquier percance y evitar así que se perdiera en el trayecto. Igual se perdían a veces.
Cuántas historias de amor se frustrarían sólo porque un imbécil no hizo correctamente su trabajo? 
Lo más parecido a eso, ahora, es cuando se cae o se satura el servidor y la conexión de video conferencia se hace irritablemente inestable.
Soy una nostálgica de los tiempos en que todo era menos instantáneo, pero también reconozco que sin esta tecnología habría sido imposible conocer a tantas personas interesantes.
Y jamás habría tenido siquiera la oportunidad de saber que los sueños sí se pueden hacer realidad, tal como ahora lo sé.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Metáfora.

Es cierto, ahora de grande se tiene mejor perspectiva del pasado y se puede apreciar con espíritu más crítico qué tan bueno o malo fueron los viejos tiempos.
Supongo que si hago una auditoría general interna, el resultado es en azules.
Mal que mal estoy aquí, y soy como soy, para bien o para mal.
Sé que aún me falta mucho, pero creo que voy bien encaminada.
La idea no es mía ni es original, pero me parece una metáfora muy apropiada, la que ve la Vida como un Camino.
A menudo los caminos que me mantienen más atenta a la ruta son los que tienen bajadas y subidas, curvas cerradas y abiertas. Con baches a los que hacerles el quite. Hasta cuando hay banderero, no me molesta. Aprovecho la detención para descansar un instante.
Lo entretenido es que sin importar lo difícil que sea transitar por ese camino, no se deje nunca de disfrutar del paisaje que acompaña paralelo a lo largo del recorrido que hacemos por esa ruta.
Me he distraído toda la vida con el paisaje. Supongo que era la ventaja de ir sentada atrás, como pasajera.
Hacerse adulta, madurar, es un poco como tomar la responsabilidad de conducir la propia vida como si fuera un vehículo. Tratándo de llegar íntegra hacia donde me dirija.
Siempre fui un poco como una "vieja chica", apegada a las normas. Era quien recordaba siempre:- no, no puedes tomar, tienes que manejar-.
Así me acostumbraron a ser, responsable por mi vida y también por la de los demás.
En los largos viajes en familia, solía ser la navegante.
Mi sentido de la orientación es regular a bueno, sé leer un mapa, sólo que a veces fui distraída por el paisaje. Me suele pasar.



lunes, 30 de agosto de 2010

Inmortales.

Por qué se está haciendo frecuente oír, de personas que conocí hace años, el mismo comentario:
"tal vez una mujer como tú".
Para bien o para mal, sólo soy "tal vez una mujer como tú".
Y hasta ahí llego y creo que ahí me quedaré por siempre. Porque es imposible regresar el tiempo. Lo que ya no fue, nunca lo será.
Estuve seis años cercana, fui parte del grupo, una especie de Lulú en medio de puros Toby.
No sentí ser de nadie, en especial.
Cierto, yo tenía mis preferencias, pero ninguno acusó recibo de las señales. Tal vez fui demasiado sutil.
Por qué suele ocurrir que los hombres son como tan pajarones. Siendo tipos inteligentes, algunos hasta brillantes académicamente. Pero como simples mortales, si no se les dicen las cosas explícitamente, nunca atinan. Una cosa es ser caballero, lo que está muy bien, pero una muy distinta es ser simplemente pavo.
Lo perno debería quitarse con la edad, asumo. A los 18, se entiende por la falta de experiencia, de la perspicacia propia que dan los años.
Ahora, todos treintones con más experiencia y algo de más personalidad se dan cuenta que me dejaron pasar, que se farrearon a una mujer como yo.
Si hago memoria, y en honor a la verdad, diré que ahora soy así, pero en esa época, no sé si habría dado la nota.
Si nos remontamos a los años en que eramos compañeros de estudios, será fácil reconocer que todos eramos inmaduros. Estábamos verdes, que sentimentalmente éramos torpes.
No habría resultado.
De algún modo lo supe ver a tiempo y me previne con una simple regla que nunca rompí:
-Los compañeros son como hermanos. Nunca con un compañero.-
Y fue lo mejor. Ahora podemos ser amigos, hacer recuerdos y reír juntos de buena gana.
Anécdotas tenemos para escribir un libro.
De algún modo, haber pasado por el lado, pero manteniendo el foco de la atención con cierta distancia crítica, "juntos pero no revueltos". Ellos eran ellos y yo era yo, en honor a las diferencias. Siempre los hombres son hombres, lobos vestidos con piel de oveja, y yo ya había leído La caperucita roja.
Una mujer en un mundo de hombres siempre tiene que ser el doble de mujer para compensar la mitad masculina que debe desarrollar para competir de igual a igual, sin perder su toque femenino, para tener la ventaja de no ser tratada como un hombre más del grupo.
Porque ser mujer en medio de un grupo de hombres tiene sus ventajas. Se pasa bien, el estímulo intelectua es superior, aunque el reto sea mucho mayor.
Es gratificante, pero cuando se tiene un poco el sartén tomado por el mango. Cuando de algún modo se es la hembra alfa de la manada. Cuando hay cierto grado de respeto mutuo, cuando se reconocen las diferencias intrínsecas y se valoran.
Como mujer, fui muy respetada, mi opinión era casi lo mismo que una orden, sin que fuera esa mi intención, pero como generalmente tenía razón, me hacían caso.
Mi habilidad innata para organizar cosas, ideas, prioridades, y mi minuciosidad acostumbrada, me granjearon una magnífica reputación de responsabilidad y confianza.
Mis apuntes eran los más solicitados para fotocopiar antes de los certámenes y exámenes finales. Si alguien tenía que dar la cara por el grupo, era yo. Si había que liderar un debate, esa era yo.
Ahora que lo pienso, ser la única mujer de un grupo en que la mayoría es hombre,significa trabajar más.
Es bastante desgastante, pero es entretenido. Es un poco como ser la abeja reina de un panal.
Ahora, no hace mucho,descubrí que quien yo consideraba mi mejor amigo, por el que por algún tiempo me pasé rollos sin destino, le pasó exáctamente lo mismo conmigo y jamás nos dimos cuenta ni nunca tocamos siquiera el tema. Pernos, al máximo.!
Cabros chicos, inmaduros, vergonzosos, pailones.
De los 18 a los 23 en promedio, estando en la flor de la vida, con la promesa de un futuro brillante por delante, eramos todos bellos, como envueltos en un aura de oro. Talentosos, inteligentes, jóvenes, sanos, libres, idealistas, cultos: Inmortales.
Ah!!! Qué tiempos, aquellos.

sábado, 28 de agosto de 2010

Hace tres años.

"No estudié las leyes porque me parecieron letra muerta y una soberana pérdida de tiempo aunque pude haber tenido dedos para el piano y una garganta de soprano en materia de justicia.
Talento para seguir la Historia y comprender los motivos de la vida y sus implicancias, no me falta.
No sé si he resultado una pérdida flagrante para la Humanidad.
Nunca tanto.
Yo?
Qué importancia puedo tener a ese nivel tan mayúsculo?
Bueno, según la teoría del Caos, todo influye.
Desde esa perspectiva, quién sabe, en qué puedo influir. Quiero ser un instrumento para hacer de éste, un Mundo mejor. Suena cliché, pero es verdad. Quiera Dios, hacer de mí un instrumento de Bien.
Hasta el momento he sido egoísta, sólo he seguido mi instinto que me llevó por la letra viva, la creativa, la que viene del agua entre rocas y el cielo.
Me he convertido en quien hasta ahora he sido, de manos blancas y mirada limpia.
Inevitablemente es en mí, el gesto de mis pensamientos en mi cara.
Digo lo que pienso y sin muchas flores escribo lo que siento.
Ya la vida dirá si me equivoqué de camino."
12.10.2007.

martes, 3 de agosto de 2010

El viento de la memoria.

Hoy, hubo un día despejado con un sol radiante pero un viento caballo, curiosamente tibio.
Aquí se le llama viento Raco. Es un viento que viene del norte, por un fenómeno de presión alta, no sé si de Argentina, probablemente, porque si sólo fuese cordillerano y chileno sería más helado, partiría los labios, y haría salir sabañones hasta en las orejas.
Como yo estoy más cerca de la costa, las temperaturas nunca son tan extremas, pero este invierno ha sido particularmente frío, macabramente frío incluso aquí.
Me duelen en el alma todas aquellas personas que lo perdieron todo y ahora deben dormir en mediaguas todas ñeclas que se pasan enteras, luego de haber vivido en casas probablemente tan cómodas como ésta.
Con el frío, la humedad, el viento y la lluvia, esa pobre gente ha tenido realmente un año muy crudo y eso que aún no termina. Los admiro, qué fortaleza.
Y nosotros que reclamábamos porque los de la compañía de luz se demoraron como 9 días en reponernos el servicio, o porque estuvimos sin agua potable por cerca de un mes. Pero jamás faltó agua limpia. Nos arreglamos con agua de punteras tal como si hubiésemos estado en el campo.
Para mí, egoístamente, fue toda una aventura. No lo pasé tan mal, al contrario, lo encontré hasta entretenido. Como nunca antes conversé con gente con la que jamás había atravesado ni siquiera saludos, y con otros que jamás había visto. Recorrí el sector descubriendo que habían casas tan bonitas como la nuestra, me dí cuenta que había más gente que sacaba a pasear a sus perros igual que yo, que habían prados y jardines que se secaron porque el agua estaba escasa y lo primero en salir de la lista de prioridades de emergencias universales que manejaban las municipalidades, fue precisamente todo lo concerniente al aseo y ornato, incluida la extracción de basura que hubo que quemar en fosos comunes por sanidad pública.
Pasar las noches en silencio y en vela, literalmente, le dio más sentido a sentirse acompañados.
No unimos más como familia, rezamos como nunca.
Lo más empelotante fue sentirse impotente por preocuparse además de las réplicas, por la amenaza fantasma de unos otros que se decía vendrían desde el otro lado del cerro a reventar las casas. Los vecinos nos reuníamos a penas caída la noche haciendo fogatas quemando neumático, contaminando a todo chancho cuando la Tierra nos estaba sacudiendo de su lomo como garrapatas indeseables en un gesto de autodefensa que no puedo culpar.
Las jornadas a todo sol en las colas del agua, a la puerta trasera de cualquier boliche que se corriera la voz estaba vendiendo algo. Los tiempos de espera se hacían más cortos formando foros de discusión pública en vivo, casi terapéuticos.
Después de todo tuvimos suerte, nunca faltó realmente nada, nunca pasamos hambre, estábamos aprovisionados de todo, y justo todo alcanzó hasta que fue necesario. Al par de semanas ya estaban las cosas un poco más normales. A penas llegó la energía abrieron los supermercados que no habían sido del todo desmantelados por los saqueos, que fue lo más vergonzoso y aberrante, y los bancos, con tremendas filas en los cajeros automáticos. A muchos los sorprendió a fin de mes, a otros de vuelta de vacaciones y pensaban ir al supermercado el sábado en la mañana. Las personas con guaguas y sus necesidades, fueron las más fregadas. Yo pensaba en los que tenían enfermos en sus casa, gente postrada, eso sí debió ser difícil.
Gracias a Dios no tuvimos ninguna desgracia personal que lamentar.
Lo material se recupera, claro las copas finas con historia familiar y las antigüedades de porcelana serán difíciles de reponer por su valor sentimental, pero al final dan lo mismo. Sirve para darle un toque minimalista a la decoración, el aseo se hace más rápido así.
Obligadamente tuve que reclasificar la organización de todos mis libros que se cayeron de las repisas, en mi dormitorio.
Sumado y restado, fue la experiencia de experiencias de mi vida, espero no olvidarla.