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lunes, 1 de noviembre de 2010

Full oil love drive.

El mañana que nunca llega se ha de demorar lo que tenga que demorar.
El Mundo lo creó Dios en séis días y en el séptimo descansó, eso dicen. Cómo habría de pretender yo que el resto de mi vida se construyera de un día para otro, si espero que todo sea perfecto, con cada cosa en su lugar. Supongo que tendré que respirar profundo y cultivar la calma y la paciencia.
Es un poco como ir por el medio de un túnel, llevar algo menos de la mitad ya del recorrido hecho y ya se logra vislumbrar un pequeño punto de luz que poco a poco se va agrandando a medida que los paso avanzan acercándose hacia la salida.
La promesa de un Paraíso al final de ese túnel, me hace desear tener alas en los tobillos.  Cómo acortar los tiempos!!!!!
Supongo que todo obedece a un orden superior, inalterable, contra el que es imposible revelarse.
Paciencia, paciencia, me repito. He tenido demasiada paciencia toda mi vida.
Cierto, si no hubiese sido así, no estaría sintiéndome tan complementada, tan con el estanque lleno, el estanque de mis sentimientos, mi corazón lo siento que está  full.  Existirá el full oil love drive?
Gracias, santa Paciencia, por favor concedido.

viernes, 29 de octubre de 2010

Tiempo muerto.

Cuando las plataformas tecnológicas  fallan se derrumba todo el esquema, se desarma toda la rutina. Es extraño, descubro recién lo habituada que estoy a mi rutina, yo, la enemigo número uno de la "rutina".
Cómo nos cambia la vida, no?
Tan sabio es ese viejo dicho: "Quien escupe al cielo, en la cara le cae", o "Nunca digas nunca".
Pregunto, es hacer trampa, desear precisamente que algo ocurra, diciendo justo lo contrario, sólo para ver si de verdad se cumple esto de los dichos: -"Yo nunca voy a...",...tal cosa...-, sólo porque era precisamente eso lo que deseaba que ocurriera, pero para que sucediera, intuí que debía negarme.
Por lo que recuerdo  de lo que leí una vez por ahí sobre la teoría Del Secreto, ésta indica precisamente lo contrario, según esta creencia se debe sacar la partícula negativa de la oración. El postulado dice algo como que se debe plantear lo que se desea obtener en una fórmula gramatical afirmativa, por una cuestión intrincada sobre que el Universo es medio imbécil, y no hace la diferencia entre un sí y un no.
Como sea.
El efecto desolador, es el mismo.
Trato de compensar ese tiempo muerto, haciendo las mil cosas que debo hacer, pero no puedo, no quiero, no sé. Me revelo ante la imposibilidad que me impone el destino de no poder  hacer lo que quiero.
Desde que descubrí que debo dejar que las cosas fluyan, he aceptado hacerme un lado. Así dejé pasar la vida sin presentar batalla, sin ofuscarme, pero ahora es distinto, no estoy dispuesta a dejar pasar un segundo fuera de mí, porque siento que todo me concierne, es mi vida, y no la volveré a dejar de lado otra vez.  Pero contra el destino virtual, no hay nada que pueda hacer, sólo esperar.
Comprendo perfectamente que no saco absolutamente nada en limpio con que se me hinche la carótida, la cava y la válvula mitral salga disparada por el aire de tanta presión contenida de la pura rabia que me da que la maldita tecnología no funcione, que alguien no haga bien su trabajo  y  me deje sola ante mi ventana.
A quién hay que partirle la cabeza!!!!!!!
Supongo que últimamente, a medida que voy retomando mi antigua energía, mi viejo ritmo de vida, también voy volviendo a mi estado animal más puro, a sentir  visceralmente las sensaciones como me nacen.
Me sube la adrenalina de pura frustración, y siento ganas de... si tuviese una pera de boxeo, juro que la reventaría de un sólo puñetazo. 
No suelo ser violenta, pero estas situaciones me enervan. Me siento tan impotente, no puedo hacer algo para solucionarlo.
Me saca de quicio.
A menudo siento que a medida que me vuelvo más sensible, pierdo también más control sobre mis emociones, todas, sobre las buenas y las malas.
Me vuelvo en extremo sensible, pero también me molesto con regular facilidad, más de lo que me podía molestar cuando estaba en un estado más equilibrado de mis emociones, cuando todo me daba más o menos lo mismo.
Tengo que trabajar eso.
No puedo dejar que las emociones me coman. Yo soy mis emociones y soy libre, una emocioncita no va a manejar mi vida.  Eso es claro.
Una cosa es ser sensible o estarlo y otra muy distinta es ser simplemente idiota.
La tecnología no es perfecta, en algún momento es esperable que falle, es normal.
Eso lo entiendo, pero no puedo evitar que me afecte emocionalmente, pero sí puedo elegir reaccionar de un modo racional. He ahí donde radica la libertad de la que dispongo.
Eso creo.
Independientemente que siga pensando, que la tecnología a veces es un fiasco.


miércoles, 27 de octubre de 2010

AMOR.

Típico, cuando todo aparenta ir sobre ruedas de pronto emerge desde las profundidades de la nada una muralla de roca inexpugnable, pero como toda roca debe tener fisuras por donde poder poner un pie de costado,luego, los dos, dando un paso tras otro, hasta conquistar su cumbre.
Mientras más difícil sea el reto, más dulce será la victoria al vencer todos los obstáculos de la vida antes de alcanzar los sueños o propósitos trazados sobre un papel con forma de corazón.  Uno, porque el de ambos late como si fuera uno solo.
Aún no acabo de convencerme.
A penas ha pasado un mes, y ya mi vida ha tomado el vuelo que no logré arrancar en años.
Debe ser esa mirada, esa sonrisa, mi sol  entrando por mi ventana aunque afuera el cielo amanezca nublado.
La meva lluerna, debe ser, la meva llum al final del túnel o simplemente el amor. Pero AMOR, así en grande, a todo pulmón, porque por primera vez en mi vida siento que es real, tridemesionalmente real.
Es la encarnación viva del entomólogo arquelógico que pedí para que descubriera a mi yo, esa que habita en el fondo de mis ojos.
Definitivamente, las cosas suceden sólo cuando tienen que suceder, lo bueno y lo malo.
Tal vez no exista la justicia sólo la lógica. Quién sabe?
El otro día me enfrasqué ligeramente en una discusión filosófica como hace millones de año no sostenía.
Debe ser el lugar. Generaciones de generaciones discutiendo asuntos así, por años de años, deben acabar marcando cierto karma discusional por todos los rincones.
Para resolver asuntos académicos y administrativos, debí volver a la Universidad.  Hace miles de años que no pisaba un pastelón de cemento, ni baldosa universitaria.
Curiosamente, descubrí que no he perdido el toque.  Inconscientemente vi la hora en el campanil y no en mi reloj, y subo los escalones, esos extendidos, en un paso y cuarto, tal como en mis mejores años.
El paisaje es casi el mismo, no podría decir si los troncos de los árboles están más gruesos o si las copas más altas. Falta el edificio que se incendió luego del terremoto, donde estaban los laboratorios de química
analítica, y la estructura que quedó al lado, el edificio viejo, acusa las señas de una chamuscada de proporciones.  Impresiona.
Me alegró ver la pileta del foro con agua.
Las grandes extensiones de prados verdes parecen inmutables e inmunes al paso del tiempo.
No caminé de paseo, sólo al tranco rápido de quien lleva prisa, no me di el tiempo para apreciar los detalles, pero hay mucho que sigue igual. Carteles por doquier, invitando a charlas, incitando a paros y huelgas por el crédito, las becas, por la causa mapuche, etc.; al festival de cine, a la semana de lo que sea.
Lo que noté diferente, fue a las personas.
A los profes, están igualitos. Me sorprendió encontrar a la gente de mi época empoderada en puestos de doctores, o como profesores asociados, con plaquitas grabadas con sus nombres en las puertas cerradas de sus respectivas oficinas. Me encontré con más de alguien conocido que aún se acordaba de mi cara, y que se detuvo a saludarme.  Conversar con un profe y tratarlo de tú, cuando era estudiante, habría sido muy raro. Ahora, siendo ex alumna, y a mi edad, es un pelo de la cola. No los veo como mis profesores, más bien como ex profesores, algunos me hicieron clases siendo estudiantes de magister, otros sólo iban en dos o tres cursos más arriba que nosotros. Y a mis compañeros de curso, evidentemente  sólo los podría tratar de profesores, en broma. Claro, a menos que me convirtiera en alumna, otra vez.
 Los estudiantes, me parece que en mi época, vestíamos con más recato o al menos con más sentido común y no había tanta juventud con exceso de peso. Eran otros tiempos, definitivamente.
La U. era otra cosa.
Que me confundieran con una "académica" me hizo gracia. No, soy alumna, no más.
Ya no estoy en edad de lucir como una alumna, por lo tanto no me visto con jeans mostrando casi la mitad de las sentaderas o el redbanc, no uso zapatillas, aunque para el fin de semana, no están mal. (En verano acostumbraba a usar las desaparecidas Topper.) No visto ropa demasiado ceñida que no deje nada a la imaginación. Una cosa es insinuar y otra muy distinta es mostrar abiertamente.
Siempre consideré la U. como un lugar de estudio, tenía algo respetable, sino sagrado, porque no era infalible, ni irrefutable, pero sí sentía que tenía cierto mérito al que se le debía cierto grado de respeto.
No sé. Lo pasé bien, me divertí jugando dentro de las reglas, no me puedo quejar, fue entretenido igual.
Eramos otra onda, pero tampoco es tan distinto. Siguen algunos  melenudos hablando fuerte y riéndose a toda boca para llamar la atención, al tiempo que  dejan oír a quien quiera escuchar palabras extrañas recién aprendidas, de seguro,  términos que para un mechón (estudiante de primer año), son como las monedas de oro de un tesoro recién desenterrado de la arena en una isla que cree desierta, sin saber que ese tesoro fue desenterrado y enterrado una y otra vez por los miembros de la generación anterior. Aún no averiguan que no son los primeros y que no serán los últimos en manejar terminología técnica, en tanto siga habiendo gente que estudie la misma carrera.
La U. Sigue siendo un lugar agradable por donde pasear con calma y despreocupación.
Si pudiera cambiar todos mis recuerdos universitarios, por un día entero en mi futuro, ahora ya. Lo haría.
No hay nada más que me detenga en el pasado. Sólo tengo lindos recuerdos, pero más me llama mi futuro, ese que me mira desde una fotografía en mi pared durante su ausencia y que me anima a no rendirme a pesar del sueño y del cansancio.
El amor.
El día en que algún científico descubra que la mejor de las energías renovables, que la menos contaminante de todas y la que entrega más potencia a cualquier motor,  es el AMOR, el mundo será un lugar mejor. Y salió verso. Cliché, pero verso.

viernes, 22 de octubre de 2010

La tesis.

Aún no comienza de facto y ya he cedido tanto?
Yo que reclamaba mi espacio propio, tiempo para mí misma, mi metro cuadrado intransable. Y sin embargo estaba dispuesta a dejarme habitar desde adentro.
Pero es bueno de vez en cuando aterrizar.
Mi esencia tarde o temprano saldría a reclamar, si bien no con pancartas ni huelgas secas, pero de algún modo habría de estallar si no un gaisser, al menos una pataleta de niñita mimada que no obtiene lo que quiere porque pasó la vitrina de largo donde estaba el mono que quería.
Para prevenir cosas estúpidas como esas, es mejor que todo quede claro desde el principio.
Somos dos conjuntos A y B que juntos damos forma al subconjunto denominado AB, pero seguiremos siendo A y B, conservando siempre nuestras propias identidades e individualidades.
Y está muy bien. Quizás hoy andaba más sensible que el resto de los días y al principio sentí oír un discurso que me parecía conocido sin considerar que también había otra posibilidad que coincidía exáctamente con mi filosofía por la que me había abanderado desde el principio pero que por esas cosas hormonalmente impredecibles, casi  lo mal entiendo todo. Había olvidado que alguna vez pensé lo mismo.   Pero está bien, el planteamiento es perfectamente comprensible y lógico a todas luces.
Sólo que en el fondo mi idea iba por otro lado.
Fue una especie de ofrenda a los dioses, que no fue bien entendida.  En fin.
Debo ser yo en mis días.
Esto me está absorbiendo demasiado tiempo.  No es una queja. Pero noto que a veces pasan los días y ya ni me doy cuenta de cómo pasan. Me pierdo como en el limbo. Estoy en otra, definitivamente.
No las dos o tres horas diarias a las que me he hecho una ferviente asistente, que trato de no perderme por nada del mundo, pero hay días que es inevitable. Hay cosas que debo hacer justo en el horario de mi "programa favorito".
Cuando la calidad de la conexión es un fiasco es verdaderamente frustrante.
Entre la vuelta a mis estudios recopilatorios que había dejado inconclusos, y el tiempo que es necesario para seguir soplando sobre los carboncillos para que no se apaguen, debo optimizar el resto de mi tiempo, y me pierdo de mis círculos acostumbrados.
Deberé recalendarizar mis obligaciones en orden de prioridades y con horarios, de otro modo o camino o masco chicle, las dos, a mí?, me resulta muy liado.
Estará bien, menos veces por semana. Ya no tengo la misma disponibilidad horaria.
Es cierto, mi tiempo ya volvió a mí, pero si volvió no será para volver a desperdiciarlo.
Me enfoco en lo que tengo que hacer y punto.
La tesis, por fin.
Para escribir solo por el simple placer de escribir siempre habrá tiempo.

lunes, 18 de octubre de 2010

Idiota a los 18.

Es verdad, a mi edad y aún me cohíbo un poco si me mira tan de cerca y con esos ojitos lindos como si su mirada fuera un enorme beso del que no quiero escapar, menos esquivar, pero no puedo dejar de sentirme a lo menos ligeramente nerviosilla, y se me escapan solos esos mohínes como de una niña chica, cuando para sentir menos una cosquilla en el cuello tiende a apretar la oreja contra el hombro como tratando de inmovilizar el objeto con el que alguien le está haciendo la cosquilla. Y no me doy cuenta.Supongo que son mis gestos, son parte de mí, igual que mi dedo dictatorial. Ese gesto lo tengo desde hace años, lo adquirí para hacerle visible a mi perro que eso que hacía NO debía seguir haciéndolo más. Y ya sabe, me mira, ve mi dedo indicando al cielo en el aire, y se detiene.
No sé, no lo pienso, no puedo pensar.  Me arroba toda la atención, no puedo dejar de mirarle, es simple: me fascina.  Me encanta su modo de ser, de hablar, de pensar.
Ay, Dios, los milagros son posibles, sólo que no pensé que sería digna de uno.
Ahora, resulta que tengo más sangre de la que se pensaba.
Nunca pensé que mi carácter fuera a ser un plus cuando siempre pensé que sería mi principal barrera para mantener el interés de alguien por mí.
Cuando tenía 18 años, bueno era una idiota, en ese entonces. Pero a esa edad, una vez oí alguien muy importante para mí, que dijo refiriéndose a mi carácter que yo era muy mañosa, como diciendo, es un defecto que no me banco y que no estoy dispuesto a aguantar.
Fue fuerte, casi definitorio para mí. Me odié por ser como era, me sentí la peor de todas, y por ser así me perdía de quien sentía estar  enamorada. Tenía 18 o tal vez, menos, no sé, ya no recuerdo.
Al comienzo me desmoralicé terriblemente, pero luego comencé a ver las cosas desde otro punto de vista, a  medida que fueron pasando los años, entonces fui evolucionando lentamente. Si iba a ser mi carácter el problema, entonces debía cambiar, pulir y sacarle brillo a la mejor parte de mí, y evolucionar.
En mis años de reposo tuve tiempo para reformarme, para aprender a tener calma, a desarrollar la paciencia, y la visión global  sobre las cosas, en general. Ver el todo, más que la sola parte.
A no enojarme sin una razón de peso, que tenga sentido, lógica, que si me enojo es porque tengo un motivo valedero.
En definitiva me reinventé como la mujer de la que un hombre como el que yo quería se enamorara de mí, no pudiera resistirse.
Pero en el trayecto, el hombre para el que me había formado, se diluyó en el tiempo y los recuerdos, se alejó tanto que se hizo de todos modos inalcanzable e imposible, más aún que antes cuando era solamente un amor platónico de niñez y juventud.  Sin darme cuenta, llegó un momento en que nunca volví a pensar en él del mismo modo como lo hacía de niña.  Se me pasó el amor que una vez creí inolvidable, tal como supongo pasa todo en la vida cuando nadie se preocupa de cuidar y mantener vivo.
El propósito desapareció. Entonces decidí que ya era lo bastante grande y madura como para echarme andar por mi cuenta. Que quien, ahora, era, era lo suficientemente fuerte como para hacerle frente a la vida sola. Que no me importaba llegar a vieja sola, media loca recogiendo perros abandonados y gastándome lo que no tuviese en alimentarlos y cuidarlos segura que más valía estar sola que mal acompañada y que mientras más conociera a los hombres más querría a mis perros.
Era lo que imaginaba, dentro de las muchas otras cosas que he imaginado.
También pensé en mandarme a cambiar lejos, irme a vivir sola y al extranjero, trabajar en publicidad, sacarme la cresta trabajando para llegar a tener mi propia y exitosa agencia, y convertirme en una diosa de la publicidad, una mujer completamente independiente que pasara de rollos sentimentaloides y dulzones, que la vida fuera otra cosa, algo real, que si me enamoraba sería de un modo absoluto, qué se yo. Nada de niñerías y juegos con dobleces psicológicos que aborrezco.
No tuve los suficientes cojones. 
Traicioné mis sueños. 
Ahora me explico por qué.
No era esa mi vida y punto.
De cierto modo, haber sido una idiota a los 18 me salvó la vida.

domingo, 17 de octubre de 2010

Enojada o agradecida?

No quiero entrar en la fase idiota y de mina controladora, absorbente y posesiva.  Yo no soy así, básicamente porque detesto que me controlen, me absorban y se crean dueños de mi tiempo y mi voluntad.
Soy en esencia y por definición: LIBRE. Me gusta vivir y dejar vivir, pero hay algo que se llama delicadeza.
Es tan típico de los hombres, en general, eso  creo, no es que sea una experta, pero me parece que es así en la generalidad, lo poco sensibles que son con los sentimientos femeninos cuando se tiene y se siente tener el  corazón en prenda, y no avisan que regresaron ya y que están bien. Basta sólo con eso, un simple y escueto mensaje casi telegráfico, "-llegué bien-", es todo, sólo con eso  me habría bastado y de inmediato habría detenido la proyectora mental por la que me pasaba la peor y más truculenta de las películas, clasificación B, cine under con gore, no sé, lo peor de lo peor, y la peor de las mezclas.   Tengo imaginación y lo sabe, y aún así no fue capaz de apenas redactar dos palabritas que me habrían hecho dormir a lo menos, porque no dormí en toda la noche pensando por qué no sé algo.
Era natural no saber cómo sentirme, si enojada o agradecida de saber que llegó y bien, con día y medio de retraso en una sucinta frase que me dio tranquilidad por saber que estaba todo bien, pero que al mismo tiempo me hizo sentir, que bueno que estés bien pero ándate un poquito a la mierda, por no avisarme antes!
Nunca había sentido esto antes.
Desde hace ya un tiempo que he dejado de ver sólo por mí.
Ahora comprendo a mi madre cuando llegaba tarde y no avisaba a la hora que iba regresar, o a donde me encontraba. 
En esa época la tecnología celular estaba en pañales, y sólo al alcance de quien pudiera costearla además de andar acarreando una maleta donde iban las baterías. Con suerte alcanzaba para un cencerro. Ja! Me lo puedo imaginar.
Y eso de andar avisando era una lata, usar teléfonos públicos con lo anti-higénicos que son, para andar apretada con la hora, pendiente de cada segundo para llegar a la hora prometida. No.  
Me consideraba lo bastante centrada como para no correr riesgos innecesarios y llegar a casa sana y salva.
No entendía por qué no confiaban más en mí. A lo que mi mamá siempre me respondía: - No es desconfianza en usted, princesita, es en los demás.-
Ahora, ya de grande, entiendo cuánta razón tienen esas palabras, y es verdad, la desconfianza surge por los peligros externos que acechan, no son por las barbaridades que una pueda cometer.
Como nunca me he había sentido bipartida, dividida por mitosis, por yemación o  lo que sea, no sabía que pudiera incluso somatizar la angustia de no tener alguna clase de certeza sobre cómo estaba.
Comparado a como me sentí, un dedo índice vertical y tronador,  es igual a nada.
No soy rencorosa, pero espero que no se repita ni se le olvide.
No quiero volver a sentirme así.

jueves, 14 de octubre de 2010

Futuro.

Soñar, soñar, y soñar. 
Soñar sin volver a dormir, sólo soñar y sentir que este momento es sólo como un recuerdo de una yo que está en su oficina escribiendo en su computador mientras planifica qué es lo que hará de cenar luego, si queda pescado aún en el freezer o si debería pasar antes por el supermercado por algo de verduras y leche.
Deseando que las manillas en el reloj al frente de su escritorio  marquen luego la hora de salida para volver a sentir el aire fresco de la calle sobre el rostro despejándose así un poco la mente de tantas palabras y correcciones, porque lo único que en ese momento quiere es llegar pronto a su casa  y abrazar a su amor que a esa hora ya debería haber llegado.  El plan sería simple, llegar a cocinar algo sano y sabroso entre ambos, cenar mirándose coquetamente, sonriéndose de los pensamientos que se adivinan, luego a lavar los platos mientras el otro los seca y guarda en su lugar, dejando todo limpio para la mañana siguiente; irse al sofá a ver alguna película compartiendo una manta y terminar de verla o no, sería completamente opcional.
Aquella yo es todo lo feliz que por ahora sólo puedo soñar llegar a ser algún día.
Falta tanto tiempo, que siento no puedo esperar, pero sé que quien persevera alcanza y me conformo, a duras penas porque esta será la prueba más dura de todas, que si la pasamos no habrá algo más que nos pueda separar.
He esperado toda una vida, puedo esperar lo que sea necesario por mi futuro.
Y no lo voy a echar a perder. Y no tendré miedo. Eso lo puedo asegurar.
Excelente cita, de qué canción es?
Tampoco flaquearé. En lo que de mí dependa haré lo que tengo que hacer para ponerme al día y retomar desde donde dejé de vivir  de verdad por última vez.