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viernes, 5 de noviembre de 2010

"¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios...?"

Hay un poema de Gonzalo Rojas que reza, en el primer verso: 


" ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor?...". Y sigue. 


"¿Quié es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en ella hasta las últimas raíces?"


Continúa.


"¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo, repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces de eternidad visibles?


Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra de ir y venir entre ellas por las calles, de no amar trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una, a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso."


Gonzalo Rojas, gran poeta emériro chilensis, con una historia personal  especial. Clásico ejemplo de un sujeto físicamente poco agraciado pero de gran ingenio, el suficiente para envolver palabras como bouquets de rosas rojas en celofán y enamorar féminas, y a mujeres muy inteligentes, dato no menor.
Qué tenemos las mujeres que nos domestican por el oído? 
El don de la palabra, quien lo posea tiene en su bolsillo la llave maestra para todos los corazones de mujer con cerraduras que puedan haber por ahí.
El cuento del flautista de Hamelin, estoy convencida, es una metáfora sexual, no se trataba de ratas, sino sobre ordas de mujeres  insatisfechas o como fueran que sucumben a los encantos melodiosos emanados de la flauta.
En fin.
Los hombres son visuales y las mujeres somos auditivas, es un  hecho biológicamente demostrable. (Alguna vez leí, en algún lado, ese dato.)
Como sea, el punto es otro. Retomo. 
La pregunta es, sigue siendo:-" ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios?"-.
Se ama al otro por como es, por sí sólo? Por como es conmigo? o por como me hace sentir que soy?
Creo que Gabriel García Márquez dijo algo así como eso: "Te quiero no  por ser quien eres, sino por quien soy cuando estoy contigo".
No sé, la verdad no lo sé.
La frase de García Márquez me parece algo egocéntrica, aunque muy honesta, lo que le otorga cierta clase de validez indiscutible, porque sí, puede ser cierto, al menos para quienes así lo sientan. 
Quiero creer que el amor, es todo lo contrario, saca del centro al "YO" y enfoca toda la atención en el "OTRO", y es el otro quien pasa a importar incluso más que la propia vida, en quien se piensa siempre antes de tomar cualquier decisión, es en el bienestar del otro el que prevalece antes que el propio.  Supongo que es así como se siente el amor de verdad. Al menos es así como lo imagino debe ser.
Cómo es el amor en la vida real?
Me pregunto si mi modo de ver el amor, es aún muy idealista, mucha poesía romántica, mucho cuento de hadas, mucha película?
Pero hay algo que siento y que me hace confiar en que todo lo que siento es lo correcto y que no me voy a arrepentir de sentirlo, por el contrario, más me podría mortificar no haberlo sentido alguna vez.
Al fina.
Qué se puede concluir?
-"¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios?"-.  

lunes, 1 de noviembre de 2010

Catarsis

He sido hija única toda mi vida, desde que puedo recordar.
He sido sobre protegida desde que tengo memoria.
Y toda la vida me he sentido sola.
Hasta que comprendí que todos más que estar solos, todos somos solos. Nacemos siendo solos y morimos siendo solos. Si nos sucede cualquier cosa que nos cause dolor físico o moral, a quién más le puede doler?
No sé si se trate de alguna clase de karma existencial pero siempre he tenido la misma sensación como la de arrastrar una especie de soledad existencial que me cubre como una especie de nube negra por sobre mi cabeza.
Últimamente he estado revisando viejas fotografías en los álbumes familiares y he notado una constante en todas mis fotos de niña, siempre tengo en el fondo una mirada triste.   Sin embargo, en el recuento final, no diría que pasé una infancia triste, pero pudo ser mejor, supongo, más feliz, más completa.
Tenía un carácter sociable, dócil, era como cariñosa pero por esas cosas de la vida tuve que aprender a  proteger un poco mis sentimientos, naturalmente a flor de piel. Con los años y la vida, tuve que refugiarme tras una coraza de hierro fundido, parapetar mi corazón tras un escudo impenetrable para no ser herida todas las veces que me he sentido despreciada en la vida, de distintas maneras.
Aprendí a sobreponerme a la mala intención de las personas, a los comentarios hirientes, a la estupidez humana, a las injusticias, al trato brusco, a la indiferencia, a las mañas, a la poca paciencia, a mil cosas que ahora siento no merecí nunca porque mi esencia era noble, tierna, blandita y suave, pero todo me convirtió en un ser ajeno, solitario, arisco, desarraigado, desapegado, indiferente, frío, distante.
Con los años, en mi periodo de silenciosa reflexión he tratado de volver a mi esencia, pero es imposible, ya no puedo volver a tras, sólo puedo hacerme consiente de cómo quiero ser idealmente, pero tampoco puedo ser como era naturalmente desde niña, ya tengo criterio y precisamente el  buen uso de ese criterio tampoco me dejaría ser tan así de cándida, si me dejara ser así, no sobreviviría ni de aquí  a la esquina.
Tengo edad para saber como quiero ser, y así tal cual soy, estoy en mi centro, pero siempre hay en mí una especie de pena autocompasiva que me hace llorar cada vez que pienso que no merecía ser tratada así.
Por qué no pude haber tenido un papá más cariñoso, más demostrativo afectivamente, por qué no pude tener un círculo social y familiar más cercano, por qué no pude asistir al baile de graduación cuando lo merecía tanto como cualquiera de mis compañeras; pasé mis ramos sino con notas sobresalientes, tampoco fueron tan malas; saqué el año cuando correspondía, limpiamente sin tachas, inmuaculada.
Nunca fui loca, ni irresponsable, siempre fui una buena niña, y sin embargo siento que haber sido así no fue suficiente.
Como que si hubiese sido mi obligación haber sido así, siempre. Mi diploma de cuarto medio nunca fue enmarcado.
Tal vez por eso no me importó terminar la Universidad, de algún modo intuí que no tenía importancia, porque no era Medicina ni Arquitectura.
Desde que nací, he sido una clase permanente de decepción por no haber nacido hombre. Como si esa hubiese sido mi culpa.
Nunca he sido de muchos amigos.
De algún modo siento que esa ha sido una ventaja para sentirme todo lo libre que me siento.
No tengo ataduras sociales con nadie, ni con la familia me siento tan comprometida.
Mañana mismo podría hacer mi maleta y mandarme a cambiar lejos y no me importaría tanto dejar atrás lo que por ahora me rodea.
Echaría de menos?
Tal vez los primeros días.
Siento que nada de lo que  está cerca es mío realmente, no me siento apegada a algo en especial.
Los comentarios de la familia, me valen lo mismo que un diente de ajo. No vivo por la familia.
Qué familia?  Desde que han ido muerto los tíos abuelos, los vínculos se han ido desmenbrando.
Hay un lote de primos en el anonimato con los que me puedo cruzar por la calle sin saber que somos parientes.
Es una lástima que así sea.
Ya nadie le importa a nadie.
Es triste, yo tenía otro concepto de familia.
Por eso, no me importará dejar a tras lo que ya ha perdido el significado para mí.
En lo que dependa de mí, quiero escribir mi propia historia y escribirla a mi manera, sin repetir los errores que he detestado toda mi vida.
Comenzar sin borrones a escribirla tal como la he soñado.
De vez en cuando es bueno hacer catarsis. Expulsar a todos los demonios, llorar hasta reventar toda la pena autocompasiva, y perdonar, perdonarse.
Mañana será otro día.

Full oil love drive.

El mañana que nunca llega se ha de demorar lo que tenga que demorar.
El Mundo lo creó Dios en séis días y en el séptimo descansó, eso dicen. Cómo habría de pretender yo que el resto de mi vida se construyera de un día para otro, si espero que todo sea perfecto, con cada cosa en su lugar. Supongo que tendré que respirar profundo y cultivar la calma y la paciencia.
Es un poco como ir por el medio de un túnel, llevar algo menos de la mitad ya del recorrido hecho y ya se logra vislumbrar un pequeño punto de luz que poco a poco se va agrandando a medida que los paso avanzan acercándose hacia la salida.
La promesa de un Paraíso al final de ese túnel, me hace desear tener alas en los tobillos.  Cómo acortar los tiempos!!!!!
Supongo que todo obedece a un orden superior, inalterable, contra el que es imposible revelarse.
Paciencia, paciencia, me repito. He tenido demasiada paciencia toda mi vida.
Cierto, si no hubiese sido así, no estaría sintiéndome tan complementada, tan con el estanque lleno, el estanque de mis sentimientos, mi corazón lo siento que está  full.  Existirá el full oil love drive?
Gracias, santa Paciencia, por favor concedido.

viernes, 29 de octubre de 2010

Tiempo muerto.

Cuando las plataformas tecnológicas  fallan se derrumba todo el esquema, se desarma toda la rutina. Es extraño, descubro recién lo habituada que estoy a mi rutina, yo, la enemigo número uno de la "rutina".
Cómo nos cambia la vida, no?
Tan sabio es ese viejo dicho: "Quien escupe al cielo, en la cara le cae", o "Nunca digas nunca".
Pregunto, es hacer trampa, desear precisamente que algo ocurra, diciendo justo lo contrario, sólo para ver si de verdad se cumple esto de los dichos: -"Yo nunca voy a...",...tal cosa...-, sólo porque era precisamente eso lo que deseaba que ocurriera, pero para que sucediera, intuí que debía negarme.
Por lo que recuerdo  de lo que leí una vez por ahí sobre la teoría Del Secreto, ésta indica precisamente lo contrario, según esta creencia se debe sacar la partícula negativa de la oración. El postulado dice algo como que se debe plantear lo que se desea obtener en una fórmula gramatical afirmativa, por una cuestión intrincada sobre que el Universo es medio imbécil, y no hace la diferencia entre un sí y un no.
Como sea.
El efecto desolador, es el mismo.
Trato de compensar ese tiempo muerto, haciendo las mil cosas que debo hacer, pero no puedo, no quiero, no sé. Me revelo ante la imposibilidad que me impone el destino de no poder  hacer lo que quiero.
Desde que descubrí que debo dejar que las cosas fluyan, he aceptado hacerme un lado. Así dejé pasar la vida sin presentar batalla, sin ofuscarme, pero ahora es distinto, no estoy dispuesta a dejar pasar un segundo fuera de mí, porque siento que todo me concierne, es mi vida, y no la volveré a dejar de lado otra vez.  Pero contra el destino virtual, no hay nada que pueda hacer, sólo esperar.
Comprendo perfectamente que no saco absolutamente nada en limpio con que se me hinche la carótida, la cava y la válvula mitral salga disparada por el aire de tanta presión contenida de la pura rabia que me da que la maldita tecnología no funcione, que alguien no haga bien su trabajo  y  me deje sola ante mi ventana.
A quién hay que partirle la cabeza!!!!!!!
Supongo que últimamente, a medida que voy retomando mi antigua energía, mi viejo ritmo de vida, también voy volviendo a mi estado animal más puro, a sentir  visceralmente las sensaciones como me nacen.
Me sube la adrenalina de pura frustración, y siento ganas de... si tuviese una pera de boxeo, juro que la reventaría de un sólo puñetazo. 
No suelo ser violenta, pero estas situaciones me enervan. Me siento tan impotente, no puedo hacer algo para solucionarlo.
Me saca de quicio.
A menudo siento que a medida que me vuelvo más sensible, pierdo también más control sobre mis emociones, todas, sobre las buenas y las malas.
Me vuelvo en extremo sensible, pero también me molesto con regular facilidad, más de lo que me podía molestar cuando estaba en un estado más equilibrado de mis emociones, cuando todo me daba más o menos lo mismo.
Tengo que trabajar eso.
No puedo dejar que las emociones me coman. Yo soy mis emociones y soy libre, una emocioncita no va a manejar mi vida.  Eso es claro.
Una cosa es ser sensible o estarlo y otra muy distinta es ser simplemente idiota.
La tecnología no es perfecta, en algún momento es esperable que falle, es normal.
Eso lo entiendo, pero no puedo evitar que me afecte emocionalmente, pero sí puedo elegir reaccionar de un modo racional. He ahí donde radica la libertad de la que dispongo.
Eso creo.
Independientemente que siga pensando, que la tecnología a veces es un fiasco.


miércoles, 27 de octubre de 2010

AMOR.

Típico, cuando todo aparenta ir sobre ruedas de pronto emerge desde las profundidades de la nada una muralla de roca inexpugnable, pero como toda roca debe tener fisuras por donde poder poner un pie de costado,luego, los dos, dando un paso tras otro, hasta conquistar su cumbre.
Mientras más difícil sea el reto, más dulce será la victoria al vencer todos los obstáculos de la vida antes de alcanzar los sueños o propósitos trazados sobre un papel con forma de corazón.  Uno, porque el de ambos late como si fuera uno solo.
Aún no acabo de convencerme.
A penas ha pasado un mes, y ya mi vida ha tomado el vuelo que no logré arrancar en años.
Debe ser esa mirada, esa sonrisa, mi sol  entrando por mi ventana aunque afuera el cielo amanezca nublado.
La meva lluerna, debe ser, la meva llum al final del túnel o simplemente el amor. Pero AMOR, así en grande, a todo pulmón, porque por primera vez en mi vida siento que es real, tridemesionalmente real.
Es la encarnación viva del entomólogo arquelógico que pedí para que descubriera a mi yo, esa que habita en el fondo de mis ojos.
Definitivamente, las cosas suceden sólo cuando tienen que suceder, lo bueno y lo malo.
Tal vez no exista la justicia sólo la lógica. Quién sabe?
El otro día me enfrasqué ligeramente en una discusión filosófica como hace millones de año no sostenía.
Debe ser el lugar. Generaciones de generaciones discutiendo asuntos así, por años de años, deben acabar marcando cierto karma discusional por todos los rincones.
Para resolver asuntos académicos y administrativos, debí volver a la Universidad.  Hace miles de años que no pisaba un pastelón de cemento, ni baldosa universitaria.
Curiosamente, descubrí que no he perdido el toque.  Inconscientemente vi la hora en el campanil y no en mi reloj, y subo los escalones, esos extendidos, en un paso y cuarto, tal como en mis mejores años.
El paisaje es casi el mismo, no podría decir si los troncos de los árboles están más gruesos o si las copas más altas. Falta el edificio que se incendió luego del terremoto, donde estaban los laboratorios de química
analítica, y la estructura que quedó al lado, el edificio viejo, acusa las señas de una chamuscada de proporciones.  Impresiona.
Me alegró ver la pileta del foro con agua.
Las grandes extensiones de prados verdes parecen inmutables e inmunes al paso del tiempo.
No caminé de paseo, sólo al tranco rápido de quien lleva prisa, no me di el tiempo para apreciar los detalles, pero hay mucho que sigue igual. Carteles por doquier, invitando a charlas, incitando a paros y huelgas por el crédito, las becas, por la causa mapuche, etc.; al festival de cine, a la semana de lo que sea.
Lo que noté diferente, fue a las personas.
A los profes, están igualitos. Me sorprendió encontrar a la gente de mi época empoderada en puestos de doctores, o como profesores asociados, con plaquitas grabadas con sus nombres en las puertas cerradas de sus respectivas oficinas. Me encontré con más de alguien conocido que aún se acordaba de mi cara, y que se detuvo a saludarme.  Conversar con un profe y tratarlo de tú, cuando era estudiante, habría sido muy raro. Ahora, siendo ex alumna, y a mi edad, es un pelo de la cola. No los veo como mis profesores, más bien como ex profesores, algunos me hicieron clases siendo estudiantes de magister, otros sólo iban en dos o tres cursos más arriba que nosotros. Y a mis compañeros de curso, evidentemente  sólo los podría tratar de profesores, en broma. Claro, a menos que me convirtiera en alumna, otra vez.
 Los estudiantes, me parece que en mi época, vestíamos con más recato o al menos con más sentido común y no había tanta juventud con exceso de peso. Eran otros tiempos, definitivamente.
La U. era otra cosa.
Que me confundieran con una "académica" me hizo gracia. No, soy alumna, no más.
Ya no estoy en edad de lucir como una alumna, por lo tanto no me visto con jeans mostrando casi la mitad de las sentaderas o el redbanc, no uso zapatillas, aunque para el fin de semana, no están mal. (En verano acostumbraba a usar las desaparecidas Topper.) No visto ropa demasiado ceñida que no deje nada a la imaginación. Una cosa es insinuar y otra muy distinta es mostrar abiertamente.
Siempre consideré la U. como un lugar de estudio, tenía algo respetable, sino sagrado, porque no era infalible, ni irrefutable, pero sí sentía que tenía cierto mérito al que se le debía cierto grado de respeto.
No sé. Lo pasé bien, me divertí jugando dentro de las reglas, no me puedo quejar, fue entretenido igual.
Eramos otra onda, pero tampoco es tan distinto. Siguen algunos  melenudos hablando fuerte y riéndose a toda boca para llamar la atención, al tiempo que  dejan oír a quien quiera escuchar palabras extrañas recién aprendidas, de seguro,  términos que para un mechón (estudiante de primer año), son como las monedas de oro de un tesoro recién desenterrado de la arena en una isla que cree desierta, sin saber que ese tesoro fue desenterrado y enterrado una y otra vez por los miembros de la generación anterior. Aún no averiguan que no son los primeros y que no serán los últimos en manejar terminología técnica, en tanto siga habiendo gente que estudie la misma carrera.
La U. Sigue siendo un lugar agradable por donde pasear con calma y despreocupación.
Si pudiera cambiar todos mis recuerdos universitarios, por un día entero en mi futuro, ahora ya. Lo haría.
No hay nada más que me detenga en el pasado. Sólo tengo lindos recuerdos, pero más me llama mi futuro, ese que me mira desde una fotografía en mi pared durante su ausencia y que me anima a no rendirme a pesar del sueño y del cansancio.
El amor.
El día en que algún científico descubra que la mejor de las energías renovables, que la menos contaminante de todas y la que entrega más potencia a cualquier motor,  es el AMOR, el mundo será un lugar mejor. Y salió verso. Cliché, pero verso.

viernes, 22 de octubre de 2010

La tesis.

Aún no comienza de facto y ya he cedido tanto?
Yo que reclamaba mi espacio propio, tiempo para mí misma, mi metro cuadrado intransable. Y sin embargo estaba dispuesta a dejarme habitar desde adentro.
Pero es bueno de vez en cuando aterrizar.
Mi esencia tarde o temprano saldría a reclamar, si bien no con pancartas ni huelgas secas, pero de algún modo habría de estallar si no un gaisser, al menos una pataleta de niñita mimada que no obtiene lo que quiere porque pasó la vitrina de largo donde estaba el mono que quería.
Para prevenir cosas estúpidas como esas, es mejor que todo quede claro desde el principio.
Somos dos conjuntos A y B que juntos damos forma al subconjunto denominado AB, pero seguiremos siendo A y B, conservando siempre nuestras propias identidades e individualidades.
Y está muy bien. Quizás hoy andaba más sensible que el resto de los días y al principio sentí oír un discurso que me parecía conocido sin considerar que también había otra posibilidad que coincidía exáctamente con mi filosofía por la que me había abanderado desde el principio pero que por esas cosas hormonalmente impredecibles, casi  lo mal entiendo todo. Había olvidado que alguna vez pensé lo mismo.   Pero está bien, el planteamiento es perfectamente comprensible y lógico a todas luces.
Sólo que en el fondo mi idea iba por otro lado.
Fue una especie de ofrenda a los dioses, que no fue bien entendida.  En fin.
Debo ser yo en mis días.
Esto me está absorbiendo demasiado tiempo.  No es una queja. Pero noto que a veces pasan los días y ya ni me doy cuenta de cómo pasan. Me pierdo como en el limbo. Estoy en otra, definitivamente.
No las dos o tres horas diarias a las que me he hecho una ferviente asistente, que trato de no perderme por nada del mundo, pero hay días que es inevitable. Hay cosas que debo hacer justo en el horario de mi "programa favorito".
Cuando la calidad de la conexión es un fiasco es verdaderamente frustrante.
Entre la vuelta a mis estudios recopilatorios que había dejado inconclusos, y el tiempo que es necesario para seguir soplando sobre los carboncillos para que no se apaguen, debo optimizar el resto de mi tiempo, y me pierdo de mis círculos acostumbrados.
Deberé recalendarizar mis obligaciones en orden de prioridades y con horarios, de otro modo o camino o masco chicle, las dos, a mí?, me resulta muy liado.
Estará bien, menos veces por semana. Ya no tengo la misma disponibilidad horaria.
Es cierto, mi tiempo ya volvió a mí, pero si volvió no será para volver a desperdiciarlo.
Me enfoco en lo que tengo que hacer y punto.
La tesis, por fin.
Para escribir solo por el simple placer de escribir siempre habrá tiempo.

lunes, 18 de octubre de 2010

Idiota a los 18.

Es verdad, a mi edad y aún me cohíbo un poco si me mira tan de cerca y con esos ojitos lindos como si su mirada fuera un enorme beso del que no quiero escapar, menos esquivar, pero no puedo dejar de sentirme a lo menos ligeramente nerviosilla, y se me escapan solos esos mohínes como de una niña chica, cuando para sentir menos una cosquilla en el cuello tiende a apretar la oreja contra el hombro como tratando de inmovilizar el objeto con el que alguien le está haciendo la cosquilla. Y no me doy cuenta.Supongo que son mis gestos, son parte de mí, igual que mi dedo dictatorial. Ese gesto lo tengo desde hace años, lo adquirí para hacerle visible a mi perro que eso que hacía NO debía seguir haciéndolo más. Y ya sabe, me mira, ve mi dedo indicando al cielo en el aire, y se detiene.
No sé, no lo pienso, no puedo pensar.  Me arroba toda la atención, no puedo dejar de mirarle, es simple: me fascina.  Me encanta su modo de ser, de hablar, de pensar.
Ay, Dios, los milagros son posibles, sólo que no pensé que sería digna de uno.
Ahora, resulta que tengo más sangre de la que se pensaba.
Nunca pensé que mi carácter fuera a ser un plus cuando siempre pensé que sería mi principal barrera para mantener el interés de alguien por mí.
Cuando tenía 18 años, bueno era una idiota, en ese entonces. Pero a esa edad, una vez oí alguien muy importante para mí, que dijo refiriéndose a mi carácter que yo era muy mañosa, como diciendo, es un defecto que no me banco y que no estoy dispuesto a aguantar.
Fue fuerte, casi definitorio para mí. Me odié por ser como era, me sentí la peor de todas, y por ser así me perdía de quien sentía estar  enamorada. Tenía 18 o tal vez, menos, no sé, ya no recuerdo.
Al comienzo me desmoralicé terriblemente, pero luego comencé a ver las cosas desde otro punto de vista, a  medida que fueron pasando los años, entonces fui evolucionando lentamente. Si iba a ser mi carácter el problema, entonces debía cambiar, pulir y sacarle brillo a la mejor parte de mí, y evolucionar.
En mis años de reposo tuve tiempo para reformarme, para aprender a tener calma, a desarrollar la paciencia, y la visión global  sobre las cosas, en general. Ver el todo, más que la sola parte.
A no enojarme sin una razón de peso, que tenga sentido, lógica, que si me enojo es porque tengo un motivo valedero.
En definitiva me reinventé como la mujer de la que un hombre como el que yo quería se enamorara de mí, no pudiera resistirse.
Pero en el trayecto, el hombre para el que me había formado, se diluyó en el tiempo y los recuerdos, se alejó tanto que se hizo de todos modos inalcanzable e imposible, más aún que antes cuando era solamente un amor platónico de niñez y juventud.  Sin darme cuenta, llegó un momento en que nunca volví a pensar en él del mismo modo como lo hacía de niña.  Se me pasó el amor que una vez creí inolvidable, tal como supongo pasa todo en la vida cuando nadie se preocupa de cuidar y mantener vivo.
El propósito desapareció. Entonces decidí que ya era lo bastante grande y madura como para echarme andar por mi cuenta. Que quien, ahora, era, era lo suficientemente fuerte como para hacerle frente a la vida sola. Que no me importaba llegar a vieja sola, media loca recogiendo perros abandonados y gastándome lo que no tuviese en alimentarlos y cuidarlos segura que más valía estar sola que mal acompañada y que mientras más conociera a los hombres más querría a mis perros.
Era lo que imaginaba, dentro de las muchas otras cosas que he imaginado.
También pensé en mandarme a cambiar lejos, irme a vivir sola y al extranjero, trabajar en publicidad, sacarme la cresta trabajando para llegar a tener mi propia y exitosa agencia, y convertirme en una diosa de la publicidad, una mujer completamente independiente que pasara de rollos sentimentaloides y dulzones, que la vida fuera otra cosa, algo real, que si me enamoraba sería de un modo absoluto, qué se yo. Nada de niñerías y juegos con dobleces psicológicos que aborrezco.
No tuve los suficientes cojones. 
Traicioné mis sueños. 
Ahora me explico por qué.
No era esa mi vida y punto.
De cierto modo, haber sido una idiota a los 18 me salvó la vida.