Lo que hace el chocolate.
Gracias, san Chocolate, me subiste el ánimo y de paso cambié el switch, lo suficiente para no dejar que se fuera todo por la borda.
Dios, qué habría sido de mí si todo se hubiese acabado hoy?
Desde ayer me sentí como un pez fuera del agua. Estaba de lo mejor, en medio del océano, y de pronto, así de la nada, se vació toda la gran masa acuosa, y me quedé como aleteando a penas en un charco.
Fue una sensación que no quiero volver a tener, esa de sentir como un escalofrío en el alma que pone la carne de gallina aún sin que haga frío en el ambiente
Ya todo está mejor.
Pero debo tomar mis resguardos, no creer a ojos cerrados a la primera, guardarme un margen para las fallas humanas, es decir: contemplar en los planes un margen de error, porque nada es perfecto, nada resulta tal como se planea.
Nadie puede ser perfecto, menos yo, sin embargo siempre tiendo a idealizar. Ese es mi error.
Debo aprender a vivir en el mundo real, donde no sólo existen las imperfecciones físicas sino también las de personalidad.
Tal vez porque siempre me he exigido moralmente demasiado, pretendo que todo el mundo sea igual y se me olvida que las personas son sólo como son y no como yo desearía que fuesen.
Quiero ser una mujer enamorada, y no una tonta enamorada. Según yo, hay un abismo de diferencia.
O peor aún, una mujer enamorada como tonta, que es terrible.
Pero pese a todo, creo que no me he equivocado, creo haber elegido al hombre correcto.
Tiene sus cosas que le hacen ser imperfectamente perfecto, al menos perfecto para mí.
Me rendí hace mucho, según la experiencia ajena que he recolectado durante todos estos años he llegado a la conclusión que es imposible cambiar la naturaleza de un hombre, no si no quiero parecer una marciana y contar con canas verdes entre mis cabellos.
Lo quiero así, distraído, tal como es, aunque me haga rabiar de vez en cuando.
Es un hombre, hay que partir por eso para entender que es así.
Páginas
lunes, 8 de noviembre de 2010
domingo, 7 de noviembre de 2010
Confianza, la parte oscura.
Es posible sentirse tan estúpida más de lo que me siento ahora?
Debo aprender a no confiar con los ojos cerrados, y es una lástima que deba aprender a hacer lo contrario a lo que tiendo naturalmente a hacer, cuando en el mundo ideal en el que quisiera vivir, es lo más natural del mundo vivir confiando, tanto que ni siquiera tiene este nombre, no tiene nombre alguno porque sólo es, es intrínseco, no se piensa, ni siquiera se siente porque sólo es. Confiar, en mi mundo ideal, es tan natural como el proceso de oxigenación de la sangre, nadie piensa en eso, es algo que sólo ocurre porque así debe ser para poder vivir.
Soy tan tonta a veces, me pasan las cosas una y mil veces y aún así no aprendo. No confíes.
Y sin embargo persisto en confiar. Como si creyera que de tanto insistir voy a cambiar las cosas.
Que idiota más grande!
Ha sido una desilusión, una tras otra. Pasa el tiempo, los años eternos, lo olvido y vuelvo a confiar luego del borrón y continúo en la página siguiente, entonces no pasa demasiado tiempo hasta que vuelvo a tropezar con la misma piedra.
No quiero volver a poner mi corazón otra vez por delante, en vez de las manos o las rodillas.
Los porrazos de corazón son muy dolorosos, y cuesta para que se sane.
Debo aprender a no confiar con los ojos cerrados, y es una lástima que deba aprender a hacer lo contrario a lo que tiendo naturalmente a hacer, cuando en el mundo ideal en el que quisiera vivir, es lo más natural del mundo vivir confiando, tanto que ni siquiera tiene este nombre, no tiene nombre alguno porque sólo es, es intrínseco, no se piensa, ni siquiera se siente porque sólo es. Confiar, en mi mundo ideal, es tan natural como el proceso de oxigenación de la sangre, nadie piensa en eso, es algo que sólo ocurre porque así debe ser para poder vivir.
Soy tan tonta a veces, me pasan las cosas una y mil veces y aún así no aprendo. No confíes.
Y sin embargo persisto en confiar. Como si creyera que de tanto insistir voy a cambiar las cosas.
Que idiota más grande!
Ha sido una desilusión, una tras otra. Pasa el tiempo, los años eternos, lo olvido y vuelvo a confiar luego del borrón y continúo en la página siguiente, entonces no pasa demasiado tiempo hasta que vuelvo a tropezar con la misma piedra.
No quiero volver a poner mi corazón otra vez por delante, en vez de las manos o las rodillas.
Los porrazos de corazón son muy dolorosos, y cuesta para que se sane.
Sueños.
Seguir por la vida como con la dirección escrita en un papel o un mapa diagramado como esos que se ven en las películas de piratas en que alguien ha marcado con una X el lugar en el que se encuentra el tesoro, pero en este caso el tesoro no contiene monedas de oro, ni joyas, sino algo mucho más valioso porque no tiene precio: LA FELICIDAD.
Nunca he sido memoriona, pero ahora deseo no olvidar las palabras de mi maestro, porque siento que es lo único que poseo como brújula para no perder el rumbo, para no extraviar otra vez mi norte.
Qué será primero, olvidarlo todo y continuar la navegación a ciegas, confiando en lo aprendido.
Lo curioso es que no se trata de vivir el sueño de alguien más, sino que mi propio sueño no es muy diferente a aquello que todo quien sabe de qué se trata la vida, sueña.
No soy muy original, mi ambición ni siquiera alcanza para una palabra así, yo diría que sólo alcanza más bien para algo así como: anhelo. Me siento más cómoda anhelando algo que ambicionando algo.
Y mi anhelo es de lo más normal y corriente que hay: tener una vida normal, tranquila, cómoda, holgada y feliz. Quién no desea lo mismo?
Claro, también me gustaría correr algunos riesgos de vez en cuando para tener algo emocionante y entretenido que contarle a mis nietos o con los que llenar páginas en mi libro de memorias, hacer alguna que otra locura como volar en alas deltas, bucear entre tiburones, delfines y ballenas, alimentar a un tigre de mi mano, recorrer el mundo en velero, lanzarme un piquero como los clavadistas de Acapulco o los griegos locos, pilotar un cuadriplaza y cruzar Los Andes ida y vuelta, qué se yo! Cosas que sólo en mis mejores sueños podría realizar.
Pura falta de confianza o de ambición, tal vez ambas cosas.
Lo sé, lo sé. Soy una soñadora empedernida.
Por qué una vez alguien pensó que yo estaría escribiendo una novela en una playa solitaria perdida por ahí en alguna parte del mundo?
A menudo tengo esa sensación, los demás confían mucho más en mis capacidades de lo que yo misma logro confiar en mí misma.
A veces pienso que soy mi propia artillera antiaérea de mis propios sueños.
Y de algún modo contraresto mis sueños fracasados produciendo muchos sueños, innumerables, a ver si alguno logra pasar entre proyectil y proyectil y se convierte en realidad.
Sueño que tengo mala puntería, y que es más de uno el que logra pasar entre el fuego cruzado de mis baterías antisueños.
Nunca he sido memoriona, pero ahora deseo no olvidar las palabras de mi maestro, porque siento que es lo único que poseo como brújula para no perder el rumbo, para no extraviar otra vez mi norte.
Qué será primero, olvidarlo todo y continuar la navegación a ciegas, confiando en lo aprendido.
Lo curioso es que no se trata de vivir el sueño de alguien más, sino que mi propio sueño no es muy diferente a aquello que todo quien sabe de qué se trata la vida, sueña.
No soy muy original, mi ambición ni siquiera alcanza para una palabra así, yo diría que sólo alcanza más bien para algo así como: anhelo. Me siento más cómoda anhelando algo que ambicionando algo.
Y mi anhelo es de lo más normal y corriente que hay: tener una vida normal, tranquila, cómoda, holgada y feliz. Quién no desea lo mismo?
Claro, también me gustaría correr algunos riesgos de vez en cuando para tener algo emocionante y entretenido que contarle a mis nietos o con los que llenar páginas en mi libro de memorias, hacer alguna que otra locura como volar en alas deltas, bucear entre tiburones, delfines y ballenas, alimentar a un tigre de mi mano, recorrer el mundo en velero, lanzarme un piquero como los clavadistas de Acapulco o los griegos locos, pilotar un cuadriplaza y cruzar Los Andes ida y vuelta, qué se yo! Cosas que sólo en mis mejores sueños podría realizar.
Pura falta de confianza o de ambición, tal vez ambas cosas.
Lo sé, lo sé. Soy una soñadora empedernida.
Por qué una vez alguien pensó que yo estaría escribiendo una novela en una playa solitaria perdida por ahí en alguna parte del mundo?
A menudo tengo esa sensación, los demás confían mucho más en mis capacidades de lo que yo misma logro confiar en mí misma.
A veces pienso que soy mi propia artillera antiaérea de mis propios sueños.
Y de algún modo contraresto mis sueños fracasados produciendo muchos sueños, innumerables, a ver si alguno logra pasar entre proyectil y proyectil y se convierte en realidad.
Sueño que tengo mala puntería, y que es más de uno el que logra pasar entre el fuego cruzado de mis baterías antisueños.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Dedicado a un gran hombre, al mejor Hombre del Mundo.
Nunca parto escribiendo el título, pero esta vez es distinto.
Esta vez es parte de un ensayo de homenaje para un gran hombre que se ha ido pero que jamás será olvidado.
La grandeza de un hombre se mide por sus obras, por lo que ha hecho, por lo que ha logrado hacer en la vida, no tanto en la suya, propia, como por la influencia bienhechora que pudo tener en la vida de los demás.
Quienes tuvimos la fortuna, el honor y el privilegio de conocerle, y de haberle querido mucho, de haber sido tocados por sus enseñanzas de vida, somos y seremos, mientras vivamos, un vívido recuerdo de su paso por esta Tierra.
El tío O.
Es cierto, hace mucho que no lo veía y casi no puedo distinguir exactamente cuándo fue la última vez que lo vi, pero sí recuerdo algunas de nuestras conversaciones por teléfono de los últimos meses, antes que su enfermedad comenzara a hacer estragos en sus capacidad física y a mermar sus fuerzas, incluso hasta para charlar por teléfono, pero nunca perdió la lucidez, no hasta que el obligado uso de poderosos medicamentos contra el dolor provocaron en él ese estado que cuesta distinguir en qué parte de la vida se encuentra el paciente.
Racionalmente entiendo que es parte de la vida, morir, y que luego de tanto padecimiento, es justo descansar.
La pena que sentimos los que quedamos, es más por nosotros mismos, que nos vamos quedando solos y en silencio, sin esas personas especiales que nos guiaban el camino, que nos alumbraban como faros en la oscuridad, que siempre tenían la visión lúcida de la palabra precisa para el consejo justo.
Releyendo las cartas que guardo de nuestra fluída comunicación epistolar que sostuvimos por un tiempo, a la antigua, a papel y a lápiz, por correo con cartero a la puerta justo a la hora de almuerzo, incluído, me hacen redescubrir lo insensata que he sido, y cuánta razón ha tenido siempre.
Ahora, varios años más vieja, y quizás sí, un poco más madura también, comprendo mucho mejor lo que en ese entonces me decía.
Tantas sutilezas, descubro el trazo de educador por sobre todas las cosas, pero también distingo ese humor tan característico de quien no quiere aburrir con un discurso latero para no ahuyentar y provocar distancia o rechazo en a quien van dirigidos toda las grandes teorías, máximas, y en definitiva, toda la sabiduría de años de experiencia de una vida larga y llena de desafíos intelectuales y personales que generosamente compendia en un entretenidos relatos de vida y pone al servicio de una cabeza loca como yo.
Ahora que lo pienso mejor, el tío O. me debió tener en muy alta estima, de otro modo no se hubiese tomado tantas molestias por mí. A pesar de estar jubilado muchos años, se mantenía siempre muy activo y vigente, su opinión era gravitante, y era considerada completamente decisiva dentro de su círculo de influencias, lo que le hacía ser un hombre muy ocupado, y aún así se daba el tiempo para responder mis sonsas cartas.
Me trataba de colega y siempre sentí que el título me quedaba grande, como un poncho diez tallas más que yo.
Compartíamos intereses, nos tratábamos de tú a tú, hablábamos el mismo idioma. Nos entendíamos perfectamente, sólo que yo nunca me animé a seguir sus consejos, siempre dudé de mí misma, nunca sentí tener la fuerza suficiente para romper mi inercia.
Sus consejos eran como las luces en la pista de despegue, pero me faltaba la perspectiva más allá del final de la pista, ahora que ya la tengo, releo sus consejos y son exactamente lo mismo que me repito a mí misma. Y lo curioso es que no recordaba ni una de esas palabras, sin embargo de algún modo debieron intergrarse a mi ADN, pues como él bosquejara, para mí, la vida, sin intención he hecho parte de como soy ahora todo aquello que él enunciara con su letra cansada y temblorosa de los últimos años.
Me reformé bajo la luz de sus ideas, sin tener consciencia absoluta de estar eligiendo el mismo camino por el que él ya había transitado.
De algún modo fue mi maestro, mi guía, mi mentor.
Era, es y seguirá siendo siempre mi querido tío O, un hombre digno de todo mi respeto y admiración, al que le debo una despedida con honores, digna de un gran hombre. Sólo espero llegar a ser yo, algún día, digna y honorable para despedirme de él.
Tío querido, sé que debo finiquitar el proceso pendiente solo por mí, que es el desafío que debo vencer para sentirme dueña de mi destino, lo sé. Me hubiese gustado haber tenido antes mejores noticias para alegrarte un poquito uno de tus días.
Seré la mejor, siempre, sólo porque quiero ser una digna sobrina nieta del mejor tío abuelo del Mundo.
Y que todos digan, no se puede esperar menos de la sobrina nieta de don O, el mejor hombre del Mundo.
Descansa en Paz, mi siempre bien querido y por siempre recordado, tío O.
Esta vez es parte de un ensayo de homenaje para un gran hombre que se ha ido pero que jamás será olvidado.
La grandeza de un hombre se mide por sus obras, por lo que ha hecho, por lo que ha logrado hacer en la vida, no tanto en la suya, propia, como por la influencia bienhechora que pudo tener en la vida de los demás.
Quienes tuvimos la fortuna, el honor y el privilegio de conocerle, y de haberle querido mucho, de haber sido tocados por sus enseñanzas de vida, somos y seremos, mientras vivamos, un vívido recuerdo de su paso por esta Tierra.
El tío O.
Es cierto, hace mucho que no lo veía y casi no puedo distinguir exactamente cuándo fue la última vez que lo vi, pero sí recuerdo algunas de nuestras conversaciones por teléfono de los últimos meses, antes que su enfermedad comenzara a hacer estragos en sus capacidad física y a mermar sus fuerzas, incluso hasta para charlar por teléfono, pero nunca perdió la lucidez, no hasta que el obligado uso de poderosos medicamentos contra el dolor provocaron en él ese estado que cuesta distinguir en qué parte de la vida se encuentra el paciente.
Racionalmente entiendo que es parte de la vida, morir, y que luego de tanto padecimiento, es justo descansar.
La pena que sentimos los que quedamos, es más por nosotros mismos, que nos vamos quedando solos y en silencio, sin esas personas especiales que nos guiaban el camino, que nos alumbraban como faros en la oscuridad, que siempre tenían la visión lúcida de la palabra precisa para el consejo justo.
Releyendo las cartas que guardo de nuestra fluída comunicación epistolar que sostuvimos por un tiempo, a la antigua, a papel y a lápiz, por correo con cartero a la puerta justo a la hora de almuerzo, incluído, me hacen redescubrir lo insensata que he sido, y cuánta razón ha tenido siempre.
Ahora, varios años más vieja, y quizás sí, un poco más madura también, comprendo mucho mejor lo que en ese entonces me decía.
Tantas sutilezas, descubro el trazo de educador por sobre todas las cosas, pero también distingo ese humor tan característico de quien no quiere aburrir con un discurso latero para no ahuyentar y provocar distancia o rechazo en a quien van dirigidos toda las grandes teorías, máximas, y en definitiva, toda la sabiduría de años de experiencia de una vida larga y llena de desafíos intelectuales y personales que generosamente compendia en un entretenidos relatos de vida y pone al servicio de una cabeza loca como yo.
Ahora que lo pienso mejor, el tío O. me debió tener en muy alta estima, de otro modo no se hubiese tomado tantas molestias por mí. A pesar de estar jubilado muchos años, se mantenía siempre muy activo y vigente, su opinión era gravitante, y era considerada completamente decisiva dentro de su círculo de influencias, lo que le hacía ser un hombre muy ocupado, y aún así se daba el tiempo para responder mis sonsas cartas.
Me trataba de colega y siempre sentí que el título me quedaba grande, como un poncho diez tallas más que yo.
Compartíamos intereses, nos tratábamos de tú a tú, hablábamos el mismo idioma. Nos entendíamos perfectamente, sólo que yo nunca me animé a seguir sus consejos, siempre dudé de mí misma, nunca sentí tener la fuerza suficiente para romper mi inercia.
Sus consejos eran como las luces en la pista de despegue, pero me faltaba la perspectiva más allá del final de la pista, ahora que ya la tengo, releo sus consejos y son exactamente lo mismo que me repito a mí misma. Y lo curioso es que no recordaba ni una de esas palabras, sin embargo de algún modo debieron intergrarse a mi ADN, pues como él bosquejara, para mí, la vida, sin intención he hecho parte de como soy ahora todo aquello que él enunciara con su letra cansada y temblorosa de los últimos años.
Me reformé bajo la luz de sus ideas, sin tener consciencia absoluta de estar eligiendo el mismo camino por el que él ya había transitado.
De algún modo fue mi maestro, mi guía, mi mentor.
Era, es y seguirá siendo siempre mi querido tío O, un hombre digno de todo mi respeto y admiración, al que le debo una despedida con honores, digna de un gran hombre. Sólo espero llegar a ser yo, algún día, digna y honorable para despedirme de él.
Tío querido, sé que debo finiquitar el proceso pendiente solo por mí, que es el desafío que debo vencer para sentirme dueña de mi destino, lo sé. Me hubiese gustado haber tenido antes mejores noticias para alegrarte un poquito uno de tus días.
Seré la mejor, siempre, sólo porque quiero ser una digna sobrina nieta del mejor tío abuelo del Mundo.
Y que todos digan, no se puede esperar menos de la sobrina nieta de don O, el mejor hombre del Mundo.
Descansa en Paz, mi siempre bien querido y por siempre recordado, tío O.
viernes, 5 de noviembre de 2010
"¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios...?"
Hay un poema de Gonzalo Rojas que reza, en el primer verso:
" ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor?...". Y sigue.
"¿Quié es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en ella hasta las últimas raíces?"
Continúa.
"¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo, repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces de eternidad visibles?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra de ir y venir entre ellas por las calles, de no amar trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una, a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso."
Gonzalo Rojas, gran poeta emériro chilensis, con una historia personal especial. Clásico ejemplo de un sujeto físicamente poco agraciado pero de gran ingenio, el suficiente para envolver palabras como bouquets de rosas rojas en celofán y enamorar féminas, y a mujeres muy inteligentes, dato no menor.
Qué tenemos las mujeres que nos domestican por el oído?
El don de la palabra, quien lo posea tiene en su bolsillo la llave maestra para todos los corazones de mujer con cerraduras que puedan haber por ahí.
El cuento del flautista de Hamelin, estoy convencida, es una metáfora sexual, no se trataba de ratas, sino sobre ordas de mujeres insatisfechas o como fueran que sucumben a los encantos melodiosos emanados de la flauta.
En fin.
Los hombres son visuales y las mujeres somos auditivas, es un hecho biológicamente demostrable. (Alguna vez leí, en algún lado, ese dato.)
Como sea, el punto es otro. Retomo.
La pregunta es, sigue siendo:-" ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios?"-.
Se ama al otro por como es, por sí sólo? Por como es conmigo? o por como me hace sentir que soy?
Creo que Gabriel García Márquez dijo algo así como eso: "Te quiero no por ser quien eres, sino por quien soy cuando estoy contigo".
No sé, la verdad no lo sé.
La frase de García Márquez me parece algo egocéntrica, aunque muy honesta, lo que le otorga cierta clase de validez indiscutible, porque sí, puede ser cierto, al menos para quienes así lo sientan.
Quiero creer que el amor, es todo lo contrario, saca del centro al "YO" y enfoca toda la atención en el "OTRO", y es el otro quien pasa a importar incluso más que la propia vida, en quien se piensa siempre antes de tomar cualquier decisión, es en el bienestar del otro el que prevalece antes que el propio. Supongo que es así como se siente el amor de verdad. Al menos es así como lo imagino debe ser.
Cómo es el amor en la vida real?
Me pregunto si mi modo de ver el amor, es aún muy idealista, mucha poesía romántica, mucho cuento de hadas, mucha película?
Pero hay algo que siento y que me hace confiar en que todo lo que siento es lo correcto y que no me voy a arrepentir de sentirlo, por el contrario, más me podría mortificar no haberlo sentido alguna vez.
Al fina.
Qué se puede concluir?
-"¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios?"-.
" ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor?...". Y sigue.
"¿Quié es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en ella hasta las últimas raíces?"
Continúa.
"¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo, repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces de eternidad visibles?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra de ir y venir entre ellas por las calles, de no amar trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una, a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso."
Gonzalo Rojas, gran poeta emériro chilensis, con una historia personal especial. Clásico ejemplo de un sujeto físicamente poco agraciado pero de gran ingenio, el suficiente para envolver palabras como bouquets de rosas rojas en celofán y enamorar féminas, y a mujeres muy inteligentes, dato no menor.
Qué tenemos las mujeres que nos domestican por el oído?
El don de la palabra, quien lo posea tiene en su bolsillo la llave maestra para todos los corazones de mujer con cerraduras que puedan haber por ahí.
El cuento del flautista de Hamelin, estoy convencida, es una metáfora sexual, no se trataba de ratas, sino sobre ordas de mujeres insatisfechas o como fueran que sucumben a los encantos melodiosos emanados de la flauta.
En fin.
Los hombres son visuales y las mujeres somos auditivas, es un hecho biológicamente demostrable. (Alguna vez leí, en algún lado, ese dato.)
Como sea, el punto es otro. Retomo.
La pregunta es, sigue siendo:-" ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios?"-.
Se ama al otro por como es, por sí sólo? Por como es conmigo? o por como me hace sentir que soy?
Creo que Gabriel García Márquez dijo algo así como eso: "Te quiero no por ser quien eres, sino por quien soy cuando estoy contigo".
No sé, la verdad no lo sé.
La frase de García Márquez me parece algo egocéntrica, aunque muy honesta, lo que le otorga cierta clase de validez indiscutible, porque sí, puede ser cierto, al menos para quienes así lo sientan.
Quiero creer que el amor, es todo lo contrario, saca del centro al "YO" y enfoca toda la atención en el "OTRO", y es el otro quien pasa a importar incluso más que la propia vida, en quien se piensa siempre antes de tomar cualquier decisión, es en el bienestar del otro el que prevalece antes que el propio. Supongo que es así como se siente el amor de verdad. Al menos es así como lo imagino debe ser.
Cómo es el amor en la vida real?
Me pregunto si mi modo de ver el amor, es aún muy idealista, mucha poesía romántica, mucho cuento de hadas, mucha película?
Pero hay algo que siento y que me hace confiar en que todo lo que siento es lo correcto y que no me voy a arrepentir de sentirlo, por el contrario, más me podría mortificar no haberlo sentido alguna vez.
Al fina.
Qué se puede concluir?
-"¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios?"-.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Catarsis
He sido hija única toda mi vida, desde que puedo recordar.
He sido sobre protegida desde que tengo memoria.
Y toda la vida me he sentido sola.
Hasta que comprendí que todos más que estar solos, todos somos solos. Nacemos siendo solos y morimos siendo solos. Si nos sucede cualquier cosa que nos cause dolor físico o moral, a quién más le puede doler?
No sé si se trate de alguna clase de karma existencial pero siempre he tenido la misma sensación como la de arrastrar una especie de soledad existencial que me cubre como una especie de nube negra por sobre mi cabeza.
Últimamente he estado revisando viejas fotografías en los álbumes familiares y he notado una constante en todas mis fotos de niña, siempre tengo en el fondo una mirada triste. Sin embargo, en el recuento final, no diría que pasé una infancia triste, pero pudo ser mejor, supongo, más feliz, más completa.
Tenía un carácter sociable, dócil, era como cariñosa pero por esas cosas de la vida tuve que aprender a proteger un poco mis sentimientos, naturalmente a flor de piel. Con los años y la vida, tuve que refugiarme tras una coraza de hierro fundido, parapetar mi corazón tras un escudo impenetrable para no ser herida todas las veces que me he sentido despreciada en la vida, de distintas maneras.
Aprendí a sobreponerme a la mala intención de las personas, a los comentarios hirientes, a la estupidez humana, a las injusticias, al trato brusco, a la indiferencia, a las mañas, a la poca paciencia, a mil cosas que ahora siento no merecí nunca porque mi esencia era noble, tierna, blandita y suave, pero todo me convirtió en un ser ajeno, solitario, arisco, desarraigado, desapegado, indiferente, frío, distante.
Con los años, en mi periodo de silenciosa reflexión he tratado de volver a mi esencia, pero es imposible, ya no puedo volver a tras, sólo puedo hacerme consiente de cómo quiero ser idealmente, pero tampoco puedo ser como era naturalmente desde niña, ya tengo criterio y precisamente el buen uso de ese criterio tampoco me dejaría ser tan así de cándida, si me dejara ser así, no sobreviviría ni de aquí a la esquina.
Tengo edad para saber como quiero ser, y así tal cual soy, estoy en mi centro, pero siempre hay en mí una especie de pena autocompasiva que me hace llorar cada vez que pienso que no merecía ser tratada así.
Por qué no pude haber tenido un papá más cariñoso, más demostrativo afectivamente, por qué no pude tener un círculo social y familiar más cercano, por qué no pude asistir al baile de graduación cuando lo merecía tanto como cualquiera de mis compañeras; pasé mis ramos sino con notas sobresalientes, tampoco fueron tan malas; saqué el año cuando correspondía, limpiamente sin tachas, inmuaculada.
Nunca fui loca, ni irresponsable, siempre fui una buena niña, y sin embargo siento que haber sido así no fue suficiente.
Como que si hubiese sido mi obligación haber sido así, siempre. Mi diploma de cuarto medio nunca fue enmarcado.
Tal vez por eso no me importó terminar la Universidad, de algún modo intuí que no tenía importancia, porque no era Medicina ni Arquitectura.
Desde que nací, he sido una clase permanente de decepción por no haber nacido hombre. Como si esa hubiese sido mi culpa.
Nunca he sido de muchos amigos.
De algún modo siento que esa ha sido una ventaja para sentirme todo lo libre que me siento.
No tengo ataduras sociales con nadie, ni con la familia me siento tan comprometida.
Mañana mismo podría hacer mi maleta y mandarme a cambiar lejos y no me importaría tanto dejar atrás lo que por ahora me rodea.
Echaría de menos?
Tal vez los primeros días.
Siento que nada de lo que está cerca es mío realmente, no me siento apegada a algo en especial.
Los comentarios de la familia, me valen lo mismo que un diente de ajo. No vivo por la familia.
Qué familia? Desde que han ido muerto los tíos abuelos, los vínculos se han ido desmenbrando.
Hay un lote de primos en el anonimato con los que me puedo cruzar por la calle sin saber que somos parientes.
Es una lástima que así sea.
Ya nadie le importa a nadie.
Es triste, yo tenía otro concepto de familia.
Por eso, no me importará dejar a tras lo que ya ha perdido el significado para mí.
En lo que dependa de mí, quiero escribir mi propia historia y escribirla a mi manera, sin repetir los errores que he detestado toda mi vida.
Comenzar sin borrones a escribirla tal como la he soñado.
De vez en cuando es bueno hacer catarsis. Expulsar a todos los demonios, llorar hasta reventar toda la pena autocompasiva, y perdonar, perdonarse.
Mañana será otro día.
He sido sobre protegida desde que tengo memoria.
Y toda la vida me he sentido sola.
Hasta que comprendí que todos más que estar solos, todos somos solos. Nacemos siendo solos y morimos siendo solos. Si nos sucede cualquier cosa que nos cause dolor físico o moral, a quién más le puede doler?
No sé si se trate de alguna clase de karma existencial pero siempre he tenido la misma sensación como la de arrastrar una especie de soledad existencial que me cubre como una especie de nube negra por sobre mi cabeza.
Últimamente he estado revisando viejas fotografías en los álbumes familiares y he notado una constante en todas mis fotos de niña, siempre tengo en el fondo una mirada triste. Sin embargo, en el recuento final, no diría que pasé una infancia triste, pero pudo ser mejor, supongo, más feliz, más completa.
Tenía un carácter sociable, dócil, era como cariñosa pero por esas cosas de la vida tuve que aprender a proteger un poco mis sentimientos, naturalmente a flor de piel. Con los años y la vida, tuve que refugiarme tras una coraza de hierro fundido, parapetar mi corazón tras un escudo impenetrable para no ser herida todas las veces que me he sentido despreciada en la vida, de distintas maneras.
Aprendí a sobreponerme a la mala intención de las personas, a los comentarios hirientes, a la estupidez humana, a las injusticias, al trato brusco, a la indiferencia, a las mañas, a la poca paciencia, a mil cosas que ahora siento no merecí nunca porque mi esencia era noble, tierna, blandita y suave, pero todo me convirtió en un ser ajeno, solitario, arisco, desarraigado, desapegado, indiferente, frío, distante.
Con los años, en mi periodo de silenciosa reflexión he tratado de volver a mi esencia, pero es imposible, ya no puedo volver a tras, sólo puedo hacerme consiente de cómo quiero ser idealmente, pero tampoco puedo ser como era naturalmente desde niña, ya tengo criterio y precisamente el buen uso de ese criterio tampoco me dejaría ser tan así de cándida, si me dejara ser así, no sobreviviría ni de aquí a la esquina.
Tengo edad para saber como quiero ser, y así tal cual soy, estoy en mi centro, pero siempre hay en mí una especie de pena autocompasiva que me hace llorar cada vez que pienso que no merecía ser tratada así.
Por qué no pude haber tenido un papá más cariñoso, más demostrativo afectivamente, por qué no pude tener un círculo social y familiar más cercano, por qué no pude asistir al baile de graduación cuando lo merecía tanto como cualquiera de mis compañeras; pasé mis ramos sino con notas sobresalientes, tampoco fueron tan malas; saqué el año cuando correspondía, limpiamente sin tachas, inmuaculada.
Nunca fui loca, ni irresponsable, siempre fui una buena niña, y sin embargo siento que haber sido así no fue suficiente.
Como que si hubiese sido mi obligación haber sido así, siempre. Mi diploma de cuarto medio nunca fue enmarcado.
Tal vez por eso no me importó terminar la Universidad, de algún modo intuí que no tenía importancia, porque no era Medicina ni Arquitectura.
Desde que nací, he sido una clase permanente de decepción por no haber nacido hombre. Como si esa hubiese sido mi culpa.
Nunca he sido de muchos amigos.
De algún modo siento que esa ha sido una ventaja para sentirme todo lo libre que me siento.
No tengo ataduras sociales con nadie, ni con la familia me siento tan comprometida.
Mañana mismo podría hacer mi maleta y mandarme a cambiar lejos y no me importaría tanto dejar atrás lo que por ahora me rodea.
Echaría de menos?
Tal vez los primeros días.
Siento que nada de lo que está cerca es mío realmente, no me siento apegada a algo en especial.
Los comentarios de la familia, me valen lo mismo que un diente de ajo. No vivo por la familia.
Qué familia? Desde que han ido muerto los tíos abuelos, los vínculos se han ido desmenbrando.
Hay un lote de primos en el anonimato con los que me puedo cruzar por la calle sin saber que somos parientes.
Es una lástima que así sea.
Ya nadie le importa a nadie.
Es triste, yo tenía otro concepto de familia.
Por eso, no me importará dejar a tras lo que ya ha perdido el significado para mí.
En lo que dependa de mí, quiero escribir mi propia historia y escribirla a mi manera, sin repetir los errores que he detestado toda mi vida.
Comenzar sin borrones a escribirla tal como la he soñado.
De vez en cuando es bueno hacer catarsis. Expulsar a todos los demonios, llorar hasta reventar toda la pena autocompasiva, y perdonar, perdonarse.
Mañana será otro día.
Full oil love drive.
El mañana que nunca llega se ha de demorar lo que tenga que demorar.
El Mundo lo creó Dios en séis días y en el séptimo descansó, eso dicen. Cómo habría de pretender yo que el resto de mi vida se construyera de un día para otro, si espero que todo sea perfecto, con cada cosa en su lugar. Supongo que tendré que respirar profundo y cultivar la calma y la paciencia.
Es un poco como ir por el medio de un túnel, llevar algo menos de la mitad ya del recorrido hecho y ya se logra vislumbrar un pequeño punto de luz que poco a poco se va agrandando a medida que los paso avanzan acercándose hacia la salida.
La promesa de un Paraíso al final de ese túnel, me hace desear tener alas en los tobillos. Cómo acortar los tiempos!!!!!
Supongo que todo obedece a un orden superior, inalterable, contra el que es imposible revelarse.
Paciencia, paciencia, me repito. He tenido demasiada paciencia toda mi vida.
Cierto, si no hubiese sido así, no estaría sintiéndome tan complementada, tan con el estanque lleno, el estanque de mis sentimientos, mi corazón lo siento que está full. Existirá el full oil love drive?
Gracias, santa Paciencia, por favor concedido.
El Mundo lo creó Dios en séis días y en el séptimo descansó, eso dicen. Cómo habría de pretender yo que el resto de mi vida se construyera de un día para otro, si espero que todo sea perfecto, con cada cosa en su lugar. Supongo que tendré que respirar profundo y cultivar la calma y la paciencia.
Es un poco como ir por el medio de un túnel, llevar algo menos de la mitad ya del recorrido hecho y ya se logra vislumbrar un pequeño punto de luz que poco a poco se va agrandando a medida que los paso avanzan acercándose hacia la salida.
La promesa de un Paraíso al final de ese túnel, me hace desear tener alas en los tobillos. Cómo acortar los tiempos!!!!!
Supongo que todo obedece a un orden superior, inalterable, contra el que es imposible revelarse.
Paciencia, paciencia, me repito. He tenido demasiada paciencia toda mi vida.
Cierto, si no hubiese sido así, no estaría sintiéndome tan complementada, tan con el estanque lleno, el estanque de mis sentimientos, mi corazón lo siento que está full. Existirá el full oil love drive?
Gracias, santa Paciencia, por favor concedido.
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