Páginas

miércoles, 3 de agosto de 2011

Sólo cerebro y espíritu.

Jugar Ajedrez en línea siendo yo pero a la vez completamente anónima contra gente que no tengo idea quien es, me pone nerviosa, de buen humor, me río sola y me enojo sola contra mi misma cuando cometo algún error estúpido.
Me entretiene, hace que se me olvide todo y mientras estoy como suspendida en un limbo puedo ser sólo yo y soy feliz, vuelvo a sentirme feliz. Tontamente feliz, intrascendentemente feliz, pero me hace bien, hace que me sienta al menos con la mente ocupada en algo que siento me hace mejor que darle vueltas a lo que ya no tiene marcha atrás, mejor al menos que continuar avinagrándome la sangre, rumiando mis penas hecha un ovillo sobre mi cama, estancada, sumergida, sin poder salir ni para delante ni para atrás.
El Ajedrez, un viejo amigo de mi infancia.
Me doy cuenta que sentirme feliz es una ilusión y que todo depende de qué es lo que esté pensando, de cómo sea capaz de ver las cosas. Todo está en mí. Yo decido, finalmente como me siento porque todo depende como decida sentirme respecto a las cosas que suceden.
Si  lo tomo con Andina o le doy más importancia de lo que realmente tiene, sólo depende de mí.
Si me enfoco en que no he hecho nada malo, que lo que hice lo hice siempre de acuerdo a lo que me dictaba mi conciencia, y que mi conciencia es más perceptiva que yo, que es menos ingenua pero igual de bien intencionada, no tengo de qué arrepentirme y por lo tanto sólo puedo esperar que las cosas se den de la mejor manera posible y a mi favor.
Las sensaciones no vienen del aire así como así. Yo diría que parten de nuestro interior, salen como ondas de radar desde nuestro ser más profundo y chocan como ecos de sonar contra lo que haya a nuestro alrededor, se devuelven hacia nuestros centros de recepción y nos llega la información decodificada en sensaciones, sin palabras, sólo intuimos si es bueno o malo, si nos agrada o no, si nos hace sentir cómodos o incómodos, si hay peligro o no.
Tal vez por eso , las personas que son más sensibles o están mejor conectadas consigo mismas son capaces de percibir al entrar a ciertos lugares un aire denso y frío en el ambiente, sienten que las recorre una escalofrío, pero no sólo eso, también pueden sintonizar emociones como angustia, miedo, tristeza, dolor, pena, etc.
Tienen el sonar mejor calibrado que el resto que vivimos más como pajaritos.
Bueno, como sea. El asunto es otro.
Se trata de manejar las propias emociones y así evitar hacerse mala sangre.
Discriminar la importancia que le asignaremos a las situaciones que nos ocurren en la vida para darle el verdadero lugar que les corresponde, lo peor es exagerar o quitarle importancia.
Es difícil evaluar la importancia verdadera, se requiere mucho buen criterio, tiempo para meditar, y mucho conocimiento de sí misma y de como son las cosas de la vida en general.
Hay que ser muy honesta, para juzgar y darle el lugar que le corresponde en justicia a cada cosa en la propia vida para sentir que todo está en orden, para volver a la armonía del equilibrio necesario sentirse que todo está bien y permitirse respirar profundo el aroma de la FELICIDAD.
Que la FELICIDAD está en la mirada con la que los ojos ven la VIDA!!!
Aún si todo parece estar en CAOS a nuestro alrededor, es cuestión de encontrar un punto en todo aquello que nos sirva de partida para iniciar el trazo con el que queramos reconfigurar nuestro propio mundo en el que nos podamos sentir a salvo y en armonía.
Suena loco, casi esotérico, pero no. Creo que tiene sentido. Es cuestión de pensarlo un poco.
Todo está en según como veamos las cosas que hay, tal como en esos test de psicología, qué ves? dos perfiles a punto de darse un beso, una copa, o sólo dos caras frente a frente?
Cada cual rellena los espacios vacíos según lo que tenga en mente o como se sienta de ánimo durante aquel instante en que ve la lámina con el dibujo. Lo que quiere decir que las emociones están en la cabeza, y se expresan a través de las interpretaciones que hacen de la realidad según como perciben el mundo alrededor. Todos, mecanismos puramente mentales, o no?
A mis emociones las controlo yo, no ellas a mí. Yo soy mi cabeza, mi cerebro.
Me reduzco a cerebro y espíritu que para mí es lo mismo que el alma.
Recuerdo una vieja discusión entre compañeros: -si los animales tenían alma-. Yo decía que sí, porque todos los seres vivos son animados. ANIMADOS! del griego: Ánima, que significa en definitiva ALMA, por lo tanto sí tienen que tenerla.
En fin, mis emociones no pueden manejarme, pero a veces me dejo llevar y es ahí cuando más siento la vida en carne viva, el dolor más crudo o el amor más arrasante.
Deberían enseñarnos estas cosas en algún ramo del colegio, o por campañas educativas así como esa de "si vas a beber no manejes",-si vas a dejar que las emociones te controlen, aléjate de todos los que te rodean, eres peligroso-.
No se trata de ser un robot, cero emociones. No, no es necesario. Se trata de sentir pero ir dosificando de acuerdo a un juicio de valor simultaneo, para no sufrir tanto cuando las cosas no resultan como se quiere o se espera.
No es recomendable dejar la puerta abierta de par en par para que salgan los sentimientos porque de vuelta no sólo entra el amor en todo su esplendor, también se cuela el dolor en toda su magnitud.
En la puerta hay que poner un controlador, que filtre tanto lo que sale como lo que entra.
Una lección que aprendí un poco tarde.
Bueno, pero al menos algo aprendí, entonces nada habrá sido tan en vano.


1 comentario: